Arquitectura

La Casa del Acantilado: la vivienda española que se apoya en una colina de 42 grados

Construida frente al mar con cubierta de escamas de zinc y encofrado artesanal, no necesita calefacción ni refrigeración

Redacción••2 min de lectura
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La Casa del Acantilado: la vivienda española que se apoya en una colina de 42 grados

Una vivienda construida sobre una colina con una inclinación de 42 grados y frente al mar demuestra que la arquitectura disruptiva y eficiente no tiene por qué ser costosa. Se trata de la Casa del Acantilado, un proyecto español que busca reivindicar la artesanía frente a la industrialización de la construcción. La obra se organiza en dos niveles y aprovecha la temperatura constante del subsuelo.

Uno de sus logros más notables es la cubierta, diseñada por el ingeniero Manuel Rojas, que utiliza un sistema estructural innovador con un encofrado artesanal de mallas metálicas deformables. Gracias a esta técnica, se redujeron de forma significativa los costos respecto de los métodos tradicionales de madera o acero.

Lo mismo ocurre con las escamas de zinc que recubren el techo: fueron fabricadas y colocadas a mano a partir de bobinas suministradas por ASLA, lo que permitió un acabado singular y económico. Incluso el mobiliario se realizó de manera artesanal a partir de modelos digitales, combinando precisión técnica y oficio manual.

Los autores sostienen que “un edificio bello no tiene por qué ser caro” y que la clave está en la ilusión, el trabajo y la colaboración entre quien lo encarga, el arquitecto y los profesionales que hacen posible la obra. La propuesta dialoga con otras experiencias de construcción con materiales no convencionales que también apelan al ingenio y a los recursos disponibles.

Cómo es por dentro la casa

Ubicada en una ladera pronunciada frente al mar, la vivienda se organiza en dos niveles. En la planta baja, un gran salón aterrazado se abre hacia una piscina. En la planta superior, las habitaciones se proyectan sobre el paisaje. En su interior, un espacio de 150 metros cuadrados puede transformarse en un “teatro doméstico”, capaz de albergar encuentros, fiestas o varias actividades a la vez.

El proyecto también se destaca por su enfoque ambiental. Al estar parcialmente enterrada, la vivienda aprovecha la temperatura constante del subsuelo, de unos 19,5 °C durante todo el año. Una cámara de aire de 40 centímetros regula la ventilación y la humedad, mientras que la doble capa de hormigón de la cubierta, separada por aislamiento térmico, garantiza eficiencia energética a bajo costo.

Gracias a estas soluciones, la casa no requiere sistemas de calefacción ni refrigeración. Además, los materiales se produjeron localmente, lo que reduce la huella de carbono del proceso constructivo. El resultado se acerca a otras apuestas por el reciclado y la reconversión de construcciones existentes con criterios de sustentabilidad.

En un panorama dominado por la estandarización y la producción en serie, la Casa del Acantilado se presenta como un manifiesto a favor del trabajo artesanal, la técnica inteligente y la arquitectura como acto cultural. La obra combina el oficio manual con herramientas digitales y demuestra que la eficiencia energética puede alcanzarse sin depender de equipos mecánicos.

Por qué importa

El proyecto muestra que la eficiencia energética y la arquitectura de autor pueden lograrse con técnicas artesanales y materiales locales, sin depender de sistemas mecánicos costosos. Es un modelo que interpela al debate sobre industrialización y sustentabilidad en la construcción.

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