Salud

Cinco hábitos que aumentan el consumo de sodio sin que lo notes

Un cardiólogo explica por qué la sal oculta en alimentos procesados y condimentos supera la recomendación diaria de la OMS.

Redacción2 min de lectura
5 razones por las que podrías estar consumiendo más sodio del que creés, según un cardiólogo

El sodio es un mineral esencial para el funcionamiento de los músculos, los nervios y el equilibrio de líquidos corporales. Sin embargo, consumirlo en exceso de manera habitual favorece el aumento de la presión arterial, uno de los principales factores de riesgo cardiovascular. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos consuman menos de 2 gramos de sodio por día, equivalentes a menos de 5 gramos de sal, es decir, una cucharadita.

Esa cifra incluye tanto la sal que se agrega manualmente como la que ya está presente en los alimentos procesados e industrializados. Según el cardiólogo Hernán Krimer, muchas personas creen que reducen su consumo al sacar el salero de la mesa, pero la mayor parte del sodio diario proviene de fuentes ocultas. A continuación, cinco razones por las que se puede estar consumiendo más sodio del recomendado.

1. Creer que sacar el salero es suficiente. Reducir la sal al cocinar o retirar el salero de la mesa es una excelente medida, pero no garantiza una alimentación baja en sodio. Muchos alimentos industrializados incorporan sodio durante su elaboración para mejorar el sabor, conservarlos o modificar su textura. Por eso, no alcanza con mirar cuánto se usa el salero, sino también qué alimentos se eligen para el plato.

2. Pensar que solo tienen sodio los alimentos que saben muy salados. El paladar puede engañar. No solo los snacks o las papas fritas contienen sodio. Productos neutros o de consumo diario como el pan, las galletitas, los cereales, los quesos y las conservas aportan pequeñas cantidades de sodio que, acumuladas a lo largo de las distintas comidas del día, resultan en un valor significativo.

3. Subestimar el clásico sándwich, la picada o la comida rápida. Comidas simples como un sándwich de jamón y queso combinan varias fuentes de sodio simultáneas: el pan, el fiambre, el queso y aderezos como mayonesa o mostaza. Lo mismo sucede con picadas, pizzas, empanadas y hamburguesas, donde la frecuencia y la combinación de ingredientes marcan la diferencia.

4. Confiar porque un producto dice “light” o “bajo en calorías”. Que un producto sea reducido en grasas, azúcar o calorías no significa automáticamente que sea bajo en sodio. Es fundamental adquirir el hábito de mirar y comparar las etiquetas nutricionales entre productos similares, así como prestar atención a los sellos de advertencia de “EXCESO EN SODIO”.

5. Olvidar todo lo agregado después de cocinar. Kétchup, mostaza, mayonesa, salsa de soja, caldos concentrados, cubitos y sopas instantáneas son considerados frecuentemente como simples condimentos, pero representan fuentes muy elevadas de sodio. Al agregarse a alimentos que ya contienen sodio, las cantidades se van sumando rápidamente.

Reducir el sodio no implica comer alimentos sin sabor. Al disminuir progresivamente la cantidad de sal, el paladar se adapta y comienza a percibir sabores ocultos. El mayor consumo de sodio no suele estar en el salero sobre la mesa, sino escondido en los alimentos de la vida cotidiana.

Fuente: LA NACION

Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.

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