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Educación en Argentina: el problema que el presupuesto no resuelve, según un nuevo índice

Un estudio de Idesa compara resultados educativos provinciales según sus condiciones de partida y pone el foco en la gestión, una dimensión relegada del debate.

Redacción••4 min de lectura
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La educación argentina tiene un problema que el presupuesto no puede resolver: la gestión

Los resultados de PISA 2025 volvieron a encender las alarmas sobre la educación argentina. En Matemática, apenas el 24% de los estudiantes de 15 años alcanza el nivel mínimo esperado, frente al 65% en los países de la OCDE. En Lectura, solo 4 de cada 10 alumnos logran las competencias básicas, y en Ciencias el desempeño también queda muy por debajo de los países desarrollados.

Como ocurre con cada evaluación internacional, la discusión regresa al mismo punto: cuánto dinero se destina al sistema. La pregunta es válida, porque ningún sistema educativo funciona sin recursos suficientes. Pero hay otra consulta menos frecuente y más incómoda que sigue postergada: qué hace el sistema con los recursos que ya tiene.

Uno de los obstáculos para responder qué explica el desempeño educativo es que se habla de "la educación argentina" como si fuera un único sistema. No lo es. La Nación fija lineamientos generales, mide resultados y coordina políticas, pero la gestión cotidiana de la educación básica está en manos de las provincias. Ellas administran las escuelas, organizan la planta docente, pagan los salarios y financian cerca del 90% del gasto en educación básica.

Por eso, comparar de manera directa los resultados provinciales puede ser comparar peras con manzanas. En la práctica, la Argentina tiene 24 sistemas educativos diferentes, con realidades muy disímiles. No es lo mismo gestionar una escuela en una provincia con bajos niveles de pobreza, baja ruralidad y mayores recursos que hacerlo en otra con fuertes restricciones sociales y territoriales. Aun así, esas diferencias no explican todo: provincias con condiciones similares pueden obtener resultados muy distintos.

El caso de la Ciudad de Buenos Aires ilustra esa brecha. CABA suele aparecer como la referencia del sistema educativo argentino y tiene los mejores resultados absolutos en las evaluaciones de calidad. Sin embargo, la comparación deja una pregunta abierta: ¿son esos resultados acordes con las condiciones excepcionales de las que parte?

La Ciudad tiene ventajas estructurales que ningún otro distrito posee: los menores niveles de pobreza del país, ruralidad prácticamente nula, mayor disponibilidad de recursos educativos por alumno y una estructura social que favorece mejores trayectorias escolares. Con esas ventajas de partida, ¿está logrando todo lo que podría lograr?

Para responder esa pregunta, desde Idesa Edulab se desarrolló el Índice de Gestión Educativa Provincial. El instrumento estima qué resultado educativo sería esperable para cada jurisdicción según sus condiciones sociales y recursos disponibles, y lo compara con el resultado efectivamente obtenido. Así busca aproximarse a una dimensión que suele quedar relegada: la gestión, es decir, la capacidad de transformar recursos en más aprendizajes.

Una de las principales conclusiones es que tener mejores resultados absolutos no implica necesariamente un mejor desempeño relativo. CABA lidera en resultados educativos, pero no encabeza el índice de gestión. En cambio, Entre Ríos, La Pampa, Córdoba, Mendoza y Formosa aparecen entre las provincias mejor posicionadas porque obtienen resultados superiores a los que cabría esperar dadas sus condiciones y recursos. En términos simples, logran que entre 3 y 6 chicos más cada 100 permanezcan escolarizados y alcancen los aprendizajes mínimos respecto de lo que predice el modelo.

El caso de Formosa permite ver esa diferencia con claridad: aunque sus resultados absolutos son bastante inferiores a los de CABA, al considerar su punto de partida logra ubicarse por encima de lo esperado. La conclusión es que los recursos y las condiciones importan, pero también importa cómo se gestionan.

La discusión pendiente: la gestión

Los recursos importan, eso no está en discusión. Pero más recursos no se traducen de manera automática en mejores aprendizajes. Entre el presupuesto educativo y los resultados media una dimensión que muchas veces queda relegada: la gestión.

Ahí aparecen preguntas incómodas, pero necesarias: cómo se asignan los recursos, cómo se organizan las escuelas, cómo se seleccionan y forman los docentes, cómo se gestiona el ausentismo, qué incentivos existen para reconocer el compromiso y el desempeño, cómo se acompaña a las instituciones con mayores dificultades y cómo se usa la información para detectar problemas y corregir lo que no funciona.

En la Argentina se discute mucho cuánto se invierte en educación, pero bastante menos qué resultados se obtienen con esa inversión. Incorporar la gestión al debate implica empezar a mirar ambas cosas y abre muchas oportunidades. Aumentar los recursos obliga a lidiar con restricciones fiscales muy exigentes. Mejorar la gestión depende de desplegar profesionalismo y creatividad.

Por qué importa

El debate educativo argentino suele agotarse en cuánto se invierte. El índice muestra que provincias con menos recursos y peores condiciones logran mejores resultados relativos, lo que corre el foco hacia la gestión como variable clave para mejorar los aprendizajes.

Qué sigue

Queda por ver si el Índice de Gestión Educativa Provincial se convierte en insumo para las provincias y para la discusión del próximo presupuesto educativo. También resta conocer cómo evolucionan los resultados en las próximas evaluaciones nacionales e internacionales.

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