Gastronomía

El bodegón que resiste a las milanesas y rescata platos olvidados

En San Cristóbal, la Rotisería Miramar mantiene desde 1950 la cocina española tradicional, con especialidades como ranas, caracoles y rabo de toro.

Redacción2 min de lectura
El bodegón que resiste a las milanesas y rescata platos olvidados
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En la esquina de Avenida San Juan y Sarandí, en el barrio porteño de San Cristóbal, la Rotisería Miramar se mantiene como un refugio de la cocina española tradicional, fundado en 1950 por el inmigrante gallego Alfredo Ramos. El local conserva su estética original de madera, vitrinas y mesas, y resiste a servir milanesas, ofreciendo platos que casi no se consiguen en la ciudad, como ranas a la provenzal, caracoles en salsa y rabo de toro.

El bodegón, que hoy está a cargo de la cuarta generación familiar, pasó por distintas manos: tras la muerte de Ramos, su hijo Fernando lo gestionó en los 90 hasta que lo vendió a Pablo Durán, dueño de la cadena Los Notables. Durán mantuvo el espíritu del lugar e incorporó algunos platos nuevos, pero la esencia sigue siendo la misma. “Tenemos clientes que vinieron por primera vez hace décadas, vuelven con sus nietos y, al encontrar todo igual, se emocionan”, cuenta Oscar Aníbal González, alias Osky, mozo del lugar desde hace más de 20 años.

La carta se destaca por platos como la tortilla de papas babé, crujiente por fuera y cremosa por dentro, y las gambas al ajillo. Entre los imperdibles, los caracoles se preparan como en Galicia: rehogados con ajo, cebolla, vino y salsa de tomate. Un dato curioso: no se sirven milanesas. Los precios varían: hay opciones accesibles como pastas amasadas y carne al spiedo, y platos más exóticos que rondan los $35.000 por persona.

El bodegón fue punto de encuentro de figuras como Carlos Gardel, Aníbal Troilo, Alberto Olmedo y Marta Minujín. También lo frecuentaron políticos como Lorenzo Miguel, Federico Storani, Felipe Solá y Jorge Macri. Incluso, el actor John Cusack visitó el lugar durante el rodaje de la película Dictablanda, dirigida por Alejandro Agresti. “Una locura”, recuerda Osky sobre aquel día.

El local abre de lunes a viernes desde la mañana hasta la madrugada, y sigue convocando a clientes de toda la vida y nuevos comensales que buscan una experiencia que combina historia, sabor y calidez.

Fuente: Lanacion.

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