Food styling: la profesión detrás de las hamburguesas perfectas en la publicidad
Marta Muñoz-Calero, food stylist, explica cómo se preparan los alimentos para las cámaras y los desafíos de lograr la imagen perfecta.

Una hamburguesa da una vuelta en el aire y aterriza sobre una parrilla sin que el pan, la carne, el queso y la lechuga se desplacen; una gota de kétchup cae con la densidad precisa y un trozo de queso empieza a fundirse, pero aguanta lo suficiente para que la cámara capture el momento perfecto. Son imágenes que duran apenas unos segundos en pantalla y que el espectador contempla sin pensar demasiado en ellas, aunque detrás puede haber una jornada de pruebas, decenas de productos utilizados y un equipo pendiente de movimientos de apenas unos milímetros. Una parte importante de ese trabajo recae en el food stylist, el profesional que se ocupa de que los alimentos resulten apetecibles delante de una cámara y transmitan la emoción que la marca quiere asociar a ellos.
Marta Muñoz-Calero es periodista de formación y llegó al food styling después de trabajar durante años en el ámbito de la gastronomía, la fotografía y las tendencias. Lleva más de dos décadas colaborando con agencias y grandes marcas nacionales e internacionales, preparando los alimentos que aparecen en campañas publicitarias y cuidando cada detalle para que conserven un aspecto apetecible ante la cámara. Una profesión poco conocida en España que combina cocina, dirección de arte y un conocimiento muy preciso de cómo se comporta cada producto.
En diálogo con La Vanguardia, Muñoz-Calero explicó que su trabajo no consiste en fotografiar alimentos, sino en “fotografiar deseos”. “Nadie compra una hamburguesa porque vea pan, carne y queso, sino porque durante un instante puede imaginar cómo va a ser morderla”, sostuvo. La especialista detalló que su responsabilidad es “conseguir que ese producto exista delante de la cámara exactamente como se ha concebido”, y que su tarea combina cocina, dirección de arte y técnica.
El proceso comienza mucho antes del rodaje. “Estudiamos el briefing, analizamos el producto, entendemos qué emoción quiere transmitir la campaña y hacemos pruebas”, afirmó. Luego seleccionan ingredientes, desarrollan recetas específicas para cámara y definen cómo se comportará cada elemento. “El día del rodaje todo está perfectamente planificado, pero aun así cada plano requiere ajustes constantes porque la comida cambia cada minuto”, remarcó.
El tiempo necesario para lograr una imagen que el consumidor ve durante apenas unos segundos varía según la campaña. “Una fotografía puede requerir entre una y varias horas de preparación, y un plano de vídeo de apenas tres segundos puede llevar media jornada”, explicó. Detrás de la naturalidad que se percibe en pantalla, “suele haber cientos de pequeñas decisiones para que todo parezca espontáneo”.
Uno de los mayores desafíos es trabajar con alimentos que pierden rápidamente su aspecto apetecible. “No existe un alimento difícil por sí mismo, sino alimentos con una ventana de belleza muy corta”, señaló. El helado se derrite, una ensalada pierde turgencia, el aguacate se oxida, un soufflé baja al salir del horno y una salsa emulsionada se separa con el tiempo. “El verdadero reto es conocer cómo evoluciona cada alimento minuto a minuto y planificar el rodaje para fotografiarlo en su mejor momento”, agregó.
La precisión es clave para lograr la gota de kétchup perfecta o el queso que cae en el momento exacto. “Con mucha preparación y mucha repetición”, aseguró. La gota debe tener la viscosidad adecuada, el queso la temperatura exacta y la carne un punto de cocción controlado, casi cruda en su interior, para que no encoja. “Nada ocurre por casualidad. En publicidad no fotografiamos la comida cuando está hecha, la fotografiamos cuando alcanza su instante de máxima apetecibilidad”, explicó.
Muñoz-Calero recordó una campaña en la que necesitaban que una hamburguesa diera una vuelta en el aire y aterrizara sobre la parrilla sin desmontarse. “Tuvimos que construir la hamburguesa con una estructura interna de alambre y pequeños contrapesos para que mantuviera el equilibrio durante el vuelo”, contó. El resultado fue un plano de apenas dos segundos que parecía espontáneo, pero detrás hubo “horas de pruebas, treinta hamburguesas y un equipo entero ajustando detalles de milímetros”. Esa es la parte invisible de un oficio que busca que los alimentos luzcan perfectos ante la cámara.
Fuente: Clarín
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
Más en Gastronomía

La Tribuna: la parrilla de Caballito con menú a $19.000 que homenajea al fútbol de barrio
Hace 5 h

Hamburguesas en Argentina: el fin del reinado del smash y la nueva exigencia del público
Hace 17 h

María Teresa Corradini, la chef de 92 años que cocinó para Brad Pitt en Mendoza
Hace 17 h
Más leídas
7 días- 1
Sydney Sweeney cumple 29 años: de la polémica campaña desnuda a sus próximos desafíos en Hollywood
Espectáculos · 12 sep
- 2
Molinos compra una planta en Tucumán y desembarca en el negocio de las galletitas
Economía · 10 sep
- 3
Gabriela Gruszko: del mundo corporativo al arte tras una intoxicación química
Salud · 9 sep
- 4
Luciana Aymar y Fernando González: una década de amor y dos hijos en común
Espectáculos · 3 sep
- 5
El Padrino, la pizzería de Caballito que nació de una librería fundida y resiste desde 1975
Gastronomía · 11 sep



