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Guillermo del Toro vendió casas cinco años antes de dedicarse al cine: "De 6 a 10 es mi espacio"

El director mexicano repasó sus inicios en una master class y contó cómo combinaba el trabajo inmobiliario con la creación de monstruos.

Redacción2 min de lectura
Guillermo Del Toro trabajó vendiendo casas antes de ser director: "Me levantaba a las 6 de la mañana, acababa a las 4 de la tarde, y en adelante hacía monstruos"

Antes de convertirse en uno de los directores más reconocidos de Hollywood, Guillermo del Toro trabajó durante cinco años en el sector inmobiliario. El cineasta mexicano vendía casas para sostenerse económicamente mientras desarrollaba su pasión por el cine y los monstruos, según relató durante una master class en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

"Estuve trabajando en bienes raíces cinco años. Me levantaba a las seis de la mañana, la chamba acababa a las tres o cuatro de la tarde, y de cuatro en adelante hacía monstruos", contó Del Toro ante el público del festival.

El director explicó que su padre, Federico del Toro, un comerciante de automóviles usados de Guadalajara, no comprendía su fascinación por Frankenstein, Godzilla o las revistas de terror. Por eso tuvo que cumplir con las que él llama "demandas razonables de la vida" y buscar un empleo estable.

Del Toro relató una anécdota de Nikola Tesla para graficar su método de trabajo. El inventor trabajaba escarbando zanjas en Nueva York cuando estaba en la quiebra y llegaba tarde a su turno. Su capataz le exigió puntualidad a las 7 de la mañana, pero lo veía quedarse hasta las 9 de la noche. "La mente dice: 'Me puedes decir cuándo empezar o cuándo acabar, pero no las dos cosas'. Y eso es lo que tenemos, que ese es el espacio que te creas", sostuvo.

El realizador también recordó que, al notar que en México no existía una industria desarrollada de efectos especiales de maquillaje para el cine de terror, fundó junto a su socio Rigoberto Mora la compañía Necropia. Mientras seguía trabajando para mantenerse, ofrecía servicios de efectos y maquillaje a otros directores a cambio de favores o dinero para comprar hornos, herramientas y materiales.

El lema de esa época, según rememoró, era contundente: "No somos los mejores, somos los únicos". Esa etapa formativa le permitió desarrollar las habilidades que después aplicaría en una filmografía única, marcada por criaturas, historias góticas y un sello visual inconfundible.

Desde sus primeros cortos caseros, en los que incluso su madre actuaba, Del Toro tuvo claro que su camino estaba en el cine. La combinación de disciplina laboral y creación artística en horarios marginales fue la fórmula que le permitió sostener su vocación hasta consolidarse como una figura central del cine contemporáneo.

Por qué importa

El testimonio del director mexicano muestra que la carrera artística puede construirse fuera de los circuitos formales, con disciplina y tiempo robado a un empleo convencional. Su historia inspira a quienes intentan sostener una vocación mientras trabajan de otra cosa.

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