Minería

Halló una pepita de oro de 9 kilos en Alaska y la vendió por US$750.000

Barry Clay removía sedimentos con su tractor cerca de Ruby cuando desenterró la Alaska Centennial Nugget, la pepita más grande de la historia del estado

Redacción2 min de lectura
Trabajaba con su tractor, detectó algo que brillaba en la tierra y lo que encontró le cambió la vida para siempre

Un minero que operaba su tractor en una zona remota de Alaska desenterró una masa de oro y cuarzo de casi 9,15 kilogramos que se convirtió en la pepita más grande jamás hallada en ese estado. El hallazgo ocurrió en 1998 cerca de Ruby, una pequeña localidad a orillas del río Yukón, y la pieza terminó vendiéndose por 750.000 dólares en una subasta realizada en diciembre de 2021.

El protagonista fue Barry Clay, un minero dedicado a la extracción aluvial que cumplía una jornada rutinaria de movimiento de tierra y retiro de sedimentos. Entre la grava y la arena, la pala de su máquina dejó al descubierto una pieza inusual que brillaba bajo el sol. Clay advirtió el valor potencial del objeto y lo retiró con cuidado para examinarlo.

La masa pesaba 294,1 onzas troy, equivalentes a unos 9,15 kilogramos. Bautizada como Alaska Centennial Nugget, quedó registrada como la más grande extraída en la historia del estado. La pieza conservaba oro nativo incrustado en una estructura de cuarzo blanco, una combinación que le dio un carácter excepcional por peso y por composición geológica.

Según Heritage Auctions, la calidad del oro en la superficie alcanzó un 87,59% de pureza, equivalente a 21 quilates. Sus dimensiones, de 17 centímetros de largo por 14,5 de ancho, la ubicaron como la segunda pepita de mayor tamaño encontrada en el hemisferio occidental, solo por detrás de la Bota de Cortés descubierta en México en 1989.

El nombre elegido remite al centenario de la fiebre del oro del Klondike, un evento que definió la identidad minera del noroeste de Norteamérica. Durante más de dos décadas, la pepita permaneció en manos privadas, lejos del escrutinio público. El dueño original rechazó siempre la idea de fundir el metal, al entender que el valor histórico y artístico superaba el precio del contenido metálico por separado.

Esa decisión permitió preservar un objeto que, para los especialistas, posee una belleza intrínseca y flujos dorados que parecen ríos grabados en la roca. El cuarzo, lejos de restar valor, acentuó el contraste visual y la singularidad de una formación geológica casi imposible de hallar en la actualidad.

En diciembre de 2021, la pieza reapareció en el mercado de subastas. La firma Heritage Auctions presentó el ejemplar en Dallas y un coleccionista anónimo pagó 750.000 dólares por el objeto. La cifra final sorprendió a los observadores del mercado, ya que el precio duplicó cualquier estimación basada únicamente en el peso del metal.

Los expertos subrayaron que la venta reflejó la escasez de especímenes de este calibre y su importancia como pieza de museo. El hallazgo de Clay, que comenzó como una jornada rutinaria en una zona minera, se transformó así en un hito documentado y en un referente sobre la riqueza mineral oculta bajo la superficie del territorio norteamericano.

Por qué importa

El caso muestra cómo una pieza geológica excepcional puede valer mucho más que su peso en oro: la venta duplicó las estimaciones y consolidó a la pepita como objeto de museo. También refleja el atractivo del mercado de minerales únicos.

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