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Ina de la Serna: tuvo cáncer a los 29, compró un colectivo y vive en las Sierras de Córdoba

Tras acompañar a su madre enferma y atravesar su propio tratamiento, dejó la docencia en Saladillo, compró un motorhome y se instaló en Villa de las Rosas.

Redacción••3 min de lectura
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Ina de la Serna: tuvo cáncer a los 29, compró un colectivo y vive en las Sierras de Córdoba

Ina de la Serna tenía 29 años y vivía en Saladillo, provincia de Buenos Aires, cuando recibió un diagnóstico de cáncer mientras acompañaba a su madre, que atravesaba la misma enfermedad. Después de completar su tratamiento, decidió cambiar de vida: compró un colectivo, lo transformó en vivienda y se instaló en Villa de las Rosas, en las Sierras de Córdoba. Hoy tiene 37 años y comparte talleres de alimentación viva.

La mujer contó su historia en una entrevista con el canal de YouTube Crónicas del Cambio - De Música Rutera, donde repasó el recorrido que la llevó del pueblo bonaerense a la vida sobre ruedas en la provincia mediterránea.

Antes de ese giro, Ina había estudiado Bellas Artes en La Plata y ejercido como docente de artes plásticas en hasta siete escuelas, incluida una rural a la que llegaba en auto. “Me gustaban los chicos y el compartir, pero sentía que algo dentro de mí se apagaba”, recordó sobre esa etapa.

El primer golpe llegó cuando su madre, de 54 años, fue diagnosticada con un cáncer agresivo. En medio de esa situación, Ina empezó a interesarse por la alimentación y su vínculo con el bienestar físico. Pocos meses después recibió la noticia que no esperaba: ella también tenía cáncer.

“Ahí me dije a mí misma que ya tenía las herramientas para mejorar mi alimentación y poder empezar a sanar”, explicó. Dejó las harinas, los lácteos y los refinados, y empezó a buscar carnes de pastura. Según contó, su cuerpo respondió bien incluso durante la quimioterapia: “No me descomponía, pero sí bajé mucho de peso porque me estaba desinflamando”.

Tras perder a su madre y terminar el tratamiento, sintió que necesitaba alejarse de la rutina. Su primera decisión fue viajar sola a Australia, donde permaneció un año. Al volver, se trasladó a Córdoba para seguir formándose en alimentación. “Me había ido a Australia con la sensación de que iban a estar mucho más avanzados que nosotros en todo esto de la alimentación y me di cuenta de que no”, sostuvo.

Fue entonces cuando pensó en comprar un colectivo para convertirlo en casa rodante. “Con plata que tenía, le dije a mi papá si quería ir conmigo al norte y, cuando estábamos viajando, pongo en Mercado Libre: ‘Motorhome Mercedes-Benz’. Y el primero que me sale fue el que tengo hoy”, relató. Lo probó en un barrio de La Plata y se lo llevó.

La pandemia dejó el vehículo sin usar durante un tiempo. Cuando terminó el aislamiento, una amiga francesa que vivía en Villa de las Rosas la invitó a instalarse con ella en el motorhome. “Yo estaba media que necesitaba un rumbo y me vine”, aseguró.

Antes de partir, transformó el interior por completo: cambió los asientos del colectivo por un sector de descanso, un área para practicar yoga, una cocina con heladera y un cuarto con cama de dos plazas y aire acondicionado. “Tengo todo lo que necesito para vivir y más”, remarcó.

Hoy se dedica a compartir talleres de alimentación viva y fisiológica y acompaña a personas que quieren cambiar su forma de comer. Su historia se suma a otras de quienes dejaron Buenos Aires para vivir en una ecoaldea de Córdoba y a la de quienes vendieron su casa en La Plata y abrieron un complejo en Traslasierra.

Por qué importa

La historia muestra cómo un diagnóstico oncológico puede reordenar prioridades y empujar decisiones de vida radicales. También refleja el fenómeno de quienes migran desde grandes ciudades o pueblos bonaerenses hacia las Sierras de Córdoba en busca de otro ritmo.

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