Historia

Istilart, la fábrica de Tres Arroyos que hace 128 años funde cocinas a leña

Nacida en 1898 como taller de maquinaria agrícola, hoy produce unas 500 cocinas de fundición al año para estancias, puestos patagónicos y chefs como Francis Mallmann.

Redacción••3 min de lectura
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Istilart, la fábrica de Tres Arroyos que hace 128 años funde cocinas a leña

La fábrica Istilart, con sede en Tres Arroyos, produce desde hace 128 años cocinas a leña de fundición que todavía funcionan en hogares alejados de la red de gas. Fundada en 1898 por el inmigrante vasco-francés Juan Bautista Istilart, la empresa fabrica unas 500 cocinas al año y conserva un oficio casi artesanal en plena era de los electrodomésticos descartables.

El hierro fundido, material por excelencia de estos artefactos, resiste el paso de las generaciones. Los modelos más grandes, como las cocinas N°4, N°5, N°6 y N°7, pesan entre 500 kilos y más de una tonelada y estuvieron históricamente asociados a cascos de estancia, hoteles rurales y grandes cocinas de campo.

Una cocina olvidada en un puesto reciclado, con más de 100 kilos de peso, puede volver a funcionar tras un tratamiento de rejuvenecimiento que la propia fábrica recomienda: cepillo de acero para quitar el herrumbre y una mano de pintura con una mezcla de medio litro de nafta, tres cucharadas de grafito, medio litro de barniz y medio litro de pintura negra. Además, la empresa conserva los repuestos de piezas que se pueden reponer.

La historia de la compañía se remonta a un taller dedicado inicialmente a la reparación de maquinaria agrícola. Según datos difundidos por la propia firma, la fábrica llegó a abarcar más de 30.000 metros cuadrados cubiertos y empleó a más de 1000 trabajadores en sus primeros años de expansión, un número que marcó el desarrollo económico y social de Tres Arroyos. Hoy tiene 30 empleados.

Al frente está Javier Gallardo, que conduce la fábrica desde hace 38 años. Explica que hay cocinas más chicas, pero también una línea presente en las grandes estancias. La usan chefs reconocidos como Francis Mallmann, amante de los fuegos, o la influencer Carola del Bianco. "Son una prueba de que son cocinas que no solo andan muy bien, sino que no humean para nada", asegura Gallardo.

El directivo remarca que estos artefactos cumplen "una función social", ya que hay zonas recónditas del país, a veces aisladas por la nieve, donde la cocina a leña es el alma de la casa y la garantía de supervivencia de sus ocupantes. En la Argentina todavía hay pobladores sin luz ni gas, donde un motor no aguanta una estufa eléctrica y trasladar un tubo de gas no es sencillo.

"Un puestero de la Patagonia, por ejemplo, no tiene acceso a ciertas comodidades, pero sí puede tener una cocina que le sirve para preparar los alimentos y calentar el hogar", dice Gallardo. La característica principal es que calientan un ambiente grande en pocos minutos: lo primero que se hace a la mañana es prenderla y llenar la pava para el mate.

La cocina de fundición se moldea a 1200° con 60 o 70 piezas que se hacen a mano con moldes. Trabajan moldeadores, con saberes que vienen de las escuelas técnicas, y armadores. Además de cocinas, la empresa fabrica estufas de fundición de bajo consumo, equipos de calefacción, hornos, parrillas y ahora mobiliario para exteriores.

El cierre lo pone el propio Gallardo con un recuerdo familiar: "Mi abuela hacía dulce de leche en estas cocinas, y es el recuerdo más entrañable que tengo de ella. Nunca comí algo tan rico. Ponía adentro de la olla un plato dado vuelta, para que con las burbujas se revuelva solo. Inolvidable".

Por qué importa

Muestra una industria nacional centenaria que sobrevive a los vaivenes económicos y cumple una función social concreta: en zonas rurales sin gas ni electricidad, la cocina a leña sigue siendo el corazón del hogar.

Qué sigue

La empresa apuesta a diversificar su producción con mobiliario para exteriores y estufas de bajo consumo, mientras sostiene el oficio artesanal de la fundición con 30 empleados en Tres Arroyos.

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