Historia

Un jarrón de 2.300 años hallado en Atenas escondía una maldición contra 55 personas

Arqueólogos encontraron la vasija de cerámica bajo el piso del Ágora, con huesos de pollo, un clavo de hierro y decenas de nombres inscritos.

Redacción••3 min de lectura
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Un jarrón de 2.300 años hallado en Atenas escondía una maldición contra 55 personas

Un jarrón de cerámica de 2.300 años de antigüedad hallado en el Ágora de Atenas, en Grecia, contenía los huesos de un pollo desmembrado y habría servido para lanzar una maldición contra 55 personas. Así lo sostiene un estudio publicado en la revista Hesperia por Jessica Lamont, profesora de clásicos de la Universidad de Yale, que descifró las inscripciones del recipiente.

El frasco apareció junto a una moneda debajo del piso del Edificio Comercial Clásico del Ágora, un espacio usado por artesanos antiguos. Fue excavado en 2006 y recién ahora fue analizado en detalle. La investigación aporta nueva evidencia sobre cómo los atenienses intentaban usar la magia en su vida cotidiana.

"La olla contenía la cabeza desmembrada y las extremidades inferiores de un pollo joven", escribió Lamont en el artículo. En aquel momento, alrededor del año 300 a. C., quienes prepararon el ritual también atravesaron el recipiente con un gran clavo de hierro.

Todas las superficies exteriores del jarrón estaban cubiertas de texto. Alguna vez tuvo más de 55 nombres inscritos, de los cuales decenas sobreviven apenas como letras dispersas o trazos débiles. La escritura griega incluye palabras que pueden significar "nos unimos".

Los clavos aparecen con frecuencia en las maldiciones antiguas y tenían un poder simbólico: inmovilizaban o restringían las facultades de las víctimas. El pollo, en tanto, no tenía más de 7 meses cuando fue sacrificado. Para Lamont, los autores del ritual buscaban transferir "la impotencia y la incapacidad del pollito para protegerse" a las personas nombradas en el frasco.

La presencia de la cabeza y las patas inferiores sugiere una lógica de correspondencia: al girar y perforar esas partes del animal, los autores intentaban incapacitar el uso de esas mismas partes del cuerpo en sus víctimas. El frasco, además, se colocó cerca de varias piras quemadas con restos de animales, algo que puede haber aumentado el poder de la maldición.

El estilo de la escritura indica que al menos dos personas escribieron los nombres. "Ciertamente fue compuesto por personas con buen conocimiento de cómo lanzar una maldición poderosa", afirmó Lamont en declaraciones por correo electrónico.

No se sabe con certeza por qué se tomaron tanto trabajo. La gran cantidad de nombres hace que un juicio inminente sea el escenario más probable, según la investigadora. "Los compositores de maldiciones podrían citar a todos los oponentes imaginables en sus maldiciones, incluidos los testigos, las familias y los partidarios de la oposición", escribió.

Los juicios eran comunes en Atenas en ese período y convocaban a mucho público. La ubicación del frasco, en un edificio usado por artesanos, sugiere que la disputa pudo haber sido laboral: una pelea en el lugar de trabajo en la antesala de un proceso judicial.

Otra posibilidad es que la maldición esté ligada a la convulsión política de la época. Después de la muerte de Alejandro Magno en el 323 a. C., su imperio se derrumbó y sus generales y funcionarios se disputaron el poder. Los registros históricos muestran que varias facciones lucharon por el control de Atenas, en "un período plagado de guerras, asedios y alianzas políticas cambiantes".

La excavación del frasco estuvo supervisada por Marcie Handler, entonces estudiante de doctorado en clásicos de la Universidad de Cincinnati. El análisis y la traducción de las inscripciones quedaron a cargo de Lamont.

Por qué importa

El hallazgo muestra que la magia no era un rito marginal en la Atenas clásica: se usaba para dirimir conflictos judiciales y laborales concretos. El análisis de las inscripciones abre una ventana poco frecuente a la vida cotidiana y las disputas de hace 2.300 años.

Qué sigue

El estudio de Lamont queda abierto a nuevas lecturas de los nombres que sobreviven apenas como trazos. La revisión de otros recipientes del mismo yacimiento podría confirmar si las maldiciones por juicios eran una práctica extendida entre los artesanos del Ágora.

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