La IA y la dependencia: el nuevo desafío de la escuela es enseñar a pensar
Expertos advierten que delegar el pensamiento en herramientas digitales puede limitar el desarrollo de habilidades críticas.

La inteligencia artificial (IA) genera preocupación en el ámbito educativo. Más allá de los errores o sesgos, la dependencia que está creando en las personas es el principal motivo de alerta. Cada vez más adultos y estudiantes recurren a estas herramientas para escribir mensajes, correos o trabajos, sin detenerse a pensar por sí mismos.
En las aulas, el fenómeno se replica. Un estudiante recibe una consigna y su primer movimiento es copiarla en una herramienta de IA. Universitarios entregan textos impecables, pero no pueden explicar oralmente qué quisieron decir. La tecnología completa el vacío antes de que aparezca una idea propia.
La psicología cognitiva denomina a este comportamiento descarga cognitiva: trasladar a un recurso externo parte del trabajo mental que deberíamos hacer nosotros. Si bien es una práctica habitual (como usar calculadora o anotar un teléfono), el problema surge cuando se delegan procesos fundamentales para el aprendizaje.
Investigaciones recientes sugieren que delegar demasiado en la IA puede reducir el compromiso con la tarea, afectar la memoria y debilitar el pensamiento crítico. Además, genera una ilusión de competencia: creemos que sabemos hacer algo porque obtuvimos un buen resultado, cuando en realidad gran parte del trabajo lo hizo la herramienta.
Otra consecuencia es la inseguridad. Si cada vez que escribimos algo recurrimos a una máquina que lo expresa mejor que nosotros, nuestra confianza en la propia escritura disminuye. Cuanto más consultamos, menos practicamos, y cuanto menos practicamos, menos confiamos en hacerlo por cuenta propia.
Frente a este panorama, la escuela tiene un rol clave. Prohibir la IA no es la solución. En su lugar, se debe enseñar a decidir cuándo usarla y cuándo no. Es necesario promover momentos de “cerebro primero”: pensar, escribir y resolver sin asistencia, para luego utilizar la IA como herramienta de comparación o mejora.
También es fundamental revalorizar el proceso: los borradores, las tachaduras, las preguntas sin respuesta inmediata. Si solo evaluamos el producto final, corremos el riesgo de premiar a quien mejor delega. En cambio, si evaluamos el proceso, el pensamiento propio vuelve a ser indispensable.
El desafío educativo ya no es solo enseñar a usar la IA, sino evitar que los estudiantes dejen de usar su propia inteligencia. La pregunta que queda flotando es si la escuela podrá formar a las nuevas generaciones para que no tercericen lo que no deben.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
Seguí leyendo sobre #inteligencia artificial
Ver todas →Más en Educación
Más leídas
7 días- 1
Sydney Sweeney cumple 29 años: de la polémica campaña desnuda a sus próximos desafíos en Hollywood
Espectáculos · 12 sep
- 2
Molinos compra una planta en Tucumán y desembarca en el negocio de las galletitas
Economía · 10 sep
- 3
Gabriela Gruszko: del mundo corporativo al arte tras una intoxicación química
Salud · 9 sep
- 4
Luciana Aymar y Fernando González: una década de amor y dos hijos en común
Espectáculos · 3 sep
- 5
El Padrino, la pizzería de Caballito que nació de una librería fundida y resiste desde 1975
Gastronomía · 11 sep









