La pulpería más antigua de Buenos Aires cumplió 312 años y reabrió con cocina criolla
La Pulpería Argentina, en la calle Defensa, combina un menú de platos caseros con una colección de objetos históricos que recorre tres siglos.

En pleno corazón de San Telmo, sobre la calle Defensa, la Pulpería Argentina cumplió 312 años y se consolidó como la más antigua del país. De su construcción original de 1714 queda en pie una pared, pero la casona conserva un patrimonio que atraviesa tres siglos de historia porteña. Desde abril pasado, Matías Pierrad está a cargo del lugar.
“Esta es la última pulpería que queda en la Ciudad de Buenos Aires”, asegura Pierrad, sentado entre estanterías que exhiben mucho más que botellas. El espacio reúne grilletes de esclavos, una mina marina del acorazado Graf Spee, una pianola de 1895 y una antigua balanza “de la suerte” que, además de dar el peso, augura el futuro a quienes se suben.
A lo largo de su historia, la propiedad fue conventillo, tintorería, taller mecánico y sede de la Fundación San Telmo. También fue punto de encuentro de artistas como Borges, Sábato, León Ferrari, Xul Solar y Clorindo Testa. “Es un lugar simple, auténtico, humano, poético y apasionado”, describe Pierrad.
En 2012, un matrimonio francés que había llegado al país por tres semanas para tomar un curso de español se enamoró de Buenos Aires y compró la propiedad. “Había pasto crecido; estaba en muy mal estado”, recuerda el encargado. Con la ayuda de un equipo de arqueólogos, iniciaron una restauración profunda. Durante años funcionó como “Pulpería Quilapán”.
La colección incluye escritos de Borges, la urna de la mesa 381 de las elecciones presidenciales de 1951 —cuando se oficializó el voto femenino—, la cava personal de Juan Duarte y un inodoro del caudillo entrerriano Justo José de Urquiza, mandado a hacer en Londres en 1856.
“La pulpería siempre te gana”, afirma Pierrad. El lugar produce un efecto particular: silencio. “Es un lugar de calma”, confiesa Soledad González, chef y responsable de un menú de comidas criollas. “La comida tiene que ser una conexión; acá hacemos platos que podrías comer en la casa de tu abuela”, dice.
González tiene 32 años y trabajó en cocinas de California, Málaga y en la isla de Malta, donde cocinaba dentro de una cripta. A su regreso al país pasó por El Patio de los Lecheros, en Caballito, y por el neobodegón Antigourmet. Desde diciembre de 2025 trabaja en la pulpería. “Acá venís a respirar, es un lugar de descanso. No cocino para que sea un hecho instagrameable”, sostiene.
La casona tiene 70 metros de fondo, un salón principal, uno de baile y música, el patio con su aljibe de 1860, otro de lectura y un almacén de ramos generales donde se destacan los productos de Quesos del Abasto. La propiedad vio llegar barcos a vela al puerto que estaba a pocos metros, barranca abajo, donde hoy es Puerto Madero. “Las rejas que están en la entrada son del Cabildo”, suma Pierrad.
Un mueble guarda planos antiguos de la ciudad. En todos aparece la casa, incluso en un documento de 1782, cuando la capital era apenas una aldea. Allí la casona se destaca sobre la calle San Martín, uno de los nombres que tuvo la actual Defensa. “Siempre estuvo la pulpería”, atestigua Pierrad. “Tenemos nuestros fantasmas; a veces aparecen”, comenta González.
La Pulpería Argentina abre los viernes, sábados y domingos, y comparte espacio con la feria de artesanos de San Telmo, que cada fin de semana atrae a miles de porteños y turistas. “Acá adentro es como si estuvieras en el campo”, dice Pierrad. Las paredes de tres siglos crean una burbuja no solo temporal, sino también sonora.
Pierrad es un referente en el rescate de espacios gastronómicos donde se crea comunidad. Fue cocreador de la guía Antigourmet. Junto a un grupo de amigos, en 2014, se propuso mapear cantinas y bodegones de la ciudad y reseñar sus experiencias en un blog que trascendió lo digital hasta transformarse en un movimiento cultural. Es autor del libro La Biblia y el Bodegón.
Según las investigaciones de la propia pulpería, en el ejido urbano y suburbano porteño del siglo XIX existieron más de 2000 pulperías, una cada 86 habitantes. Comenzaron siendo postas para el recambio de caballos, lo que permitía que las carretas siguieran viaje. La primera de la que hay registros data de 1580 y estuvo a cargo de una mujer.
“Como antes, acá apostamos a crear redes sociales, pero de verdad, no digitales. Nos gusta generar lazos”, sostiene Pierrad. “Queremos que vuelvan las pulperías. Acá tenemos inteligencia artesanal”, anticipa.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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