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Mirar a los ojos: qué dice la psicología sobre el contacto visual y por qué a veces incomoda

Los estudios muestran que la mirada directa coordina la conversación y exige esfuerzo cognitivo, pero su efecto depende del contexto y del vínculo.

Redacción••3 min de lectura
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Mirar a los ojos: qué dice la psicología sobre el contacto visual y por qué a veces incomoda

Mirar a los ojos durante una charla suele leerse como señal de atención y sinceridad. Sin embargo, la psicología advierte que sostener el contacto visual demasiado tiempo puede generar incomodidad, incluso cuando la intención es demostrar interés. La clave está en cómo el cerebro procesa esas señales sociales y en el contexto del intercambio.

Una mirada directa puede aumentar la sensación de cercanía, pero también intensifica la percepción de estar siendo observado o evaluado. Por eso el contacto visual no tiene un significado universal: su interpretación depende de la confianza entre los interlocutores, las normas culturales y las circunstancias de la conversación.

Una investigación de Sophie Wohltjen y Thalia Wheatley, del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de Dartmouth College, en Estados Unidos, analizó el papel de la mirada en las conversaciones. El estudio, publicado en 2021 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), midió las pupilas para estudiar la sincronización de la atención entre dos personas.

Los resultados mostraron que el contacto visual aparece cuando la atención compartida alcanza niveles altos y que después esa sincronización disminuye. Mirar a los ojos ayuda a coordinar el intercambio, pero también permite que cada participante recupere cierta independencia para desarrollar sus propias ideas. La alternancia entre mirar y desviar la vista es parte del funcionamiento habitual de una charla.

El contacto visual, además, exige interpretar información sobre emociones, intenciones y posibles reacciones del otro. Una investigación publicada en la revista Cognition en 2010, encabezada por Laurence Conty, encontró que la mirada directa puede interferir con tareas que requieren atención y demanda recursos cognitivos adicionales, incluso cuando la persona intenta concentrarse en otra actividad.

Eso explica por qué algunas personas apartan la vista cuando buscan una palabra, recuerdan un dato o responden una pregunta compleja. No significa que cualquier contacto visual prolongado resulte desagradable: su efecto depende de la situación y de cómo lo interpreta cada interlocutor. Como ocurre con otros hábitos que revelan la crianza, la mirada combina biología y aprendizaje social.

Desviar la mirada suele asociarse con timidez, inseguridad o falta de interés, pero esas lecturas pueden ser equivocadas. Evitar los ojos no demuestra que alguien mienta ni que esconda información: también puede ser una forma de regular la atención o bajar la intensidad de la interacción.

Un estudio publicado en 2023 por investigadores de la Universidad McGill, en Canadá, observó el comportamiento visual de parejas de participantes durante conversaciones cara a cara. Las personas pasaban poco tiempo mirándose directamente a los ojos y alternaban la atención entre distintas partes del rostro. Mantener una mirada fija, entonces, no es indispensable para demostrar interés ni para lograr una comunicación efectiva.

Las costumbres culturales también modifican el significado de las miradas. En algunos contextos, sostener el contacto visual se considera una muestra de respeto y confianza. En otros, sobre todo cuando hay diferencias de edad o jerarquía, una mirada demasiado directa puede interpretarse como una actitud desafiante o poco respetuosa.

Los especialistas coinciden en que no existe una duración ideal del contacto visual que funcione para todas las personas. La comunicación depende de varias señales a la vez, entre ellas el tono de voz, los gestos y la postura corporal. Del mismo modo que la reciprocidad sostiene los vínculos, la mirada funciona como un ida y vuelta: mirar, apartar la vista y volver a establecer contacto son comportamientos que regulan la cercanía durante una conversación.

Por qué importa

El contacto visual atraviesa entrevistas laborales, vínculos personales y situaciones cotidianas. Entender que no hay una duración ideal evita malinterpretar la incomodidad o la mirada esquiva como desinterés o mentira.

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