Pollo con piel blanca o amarilla: diferencias y cuál elegir
El color de la piel no indica calidad ni frescura, sino la dieta del ave; nutricionalmente son equivalentes.

El mostrador de la carnicería expone a diario una inquietud recurrente entre los consumidores: ¿el pollo de piel amarilla es más rico y nutritivo que el de piel blanca? Aunque a simple vista el color parece un indicador de frescura o de crianza de campo, la respuesta científica es mucho más simple y está vinculada a la dieta que recibió el ave durante su desarrollo.
El tono dorado de la piel no se debe a un proceso mágico ni a una mayor calidad organoléptica, sino a la presencia de carotenoides, pigmentos naturales que dan colores rojos, amarillos y naranjas a muchas plantas, frutas y verduras, en el alimento. Cuando las aves reciben una dieta basada predominantemente en maíz amarillo, alfalfa o pigmentos naturales, estos compuestos liposolubles se almacenan en la grasa subcutánea y le otorgan esa pigmentación vistosa. Por el contrario, cuando la nutrición del animal prioriza cereales con bajo contenido de pigmentos, como el trigo, la cebada o el sorgo, la piel conserva una apariencia pálida y clara.
Desde la perspectiva nutricional, no existen diferencias sustanciales entre ambas opciones. Tanto el ejemplar de tonalidad amarilla como el de piel blanca aportan proporciones equivalentes de proteínas de alto valor biológico, hierro, fósforo y vitaminas del grupo B. Tampoco se registran variaciones significativas en el contenido de grasa ni en la jugosidad final del corte. La única diferencia es la estética: el pollo amarillo suele dar una apariencia visualmente más atractiva y dorada al cocinarse al horno o a la parrilla, mientras que el blanco es sumamente popular en guisados o preparaciones hervidas.
Por lo tanto, la elección final responde a una mera preferencia visual y de presupuesto. Al momento de comprar, resulta clave postergar la atención en el color y concentrarse en las verdaderas pautas de inocuidad y frescura: verificar la fecha de envasado, el estado del empaque y la temperatura de conservación. También es recomendable revisar que la carne tenga un olor neutro y una textura firme al tacto. Así, se garantiza un producto seguro y de buena calidad, independientemente del tono de su piel.
Fuente: LA NACION
Nota redactada con asistencia de inteligencia artificial y editada por nuestra redacción. Cómo usamos IA.
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