Medio Ambiente

Santa Cruz: denuncian que un basural de Río Gallegos ya afectó más de 5.400 hectáreas de una estancia

Javier Álvarez Bento, administrador de Punta Loyola, asegura que el viento dispersa plásticos sobre el campo y que debió retirar el ganado. Presentó un amparo que lleva más de un año demorado.

Redacción••5 min de lectura
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Santa Cruz: denuncian que un basural de Río Gallegos ya afectó más de 5.400 hectáreas de una estancia

En Santa Cruz, el administrador de la estancia Punta Loyola, Javier Álvarez Bento, denunció que el basural municipal de Río Gallegos afectó más de 5.400 hectáreas de campo por la dispersión de residuos que arrastra el viento. El establecimiento, ubicado a unos 10 kilómetros de la ciudad, presentó un amparo ambiental contra la Municipalidad que lleva más de un año de demora.

El productor decidió difundir un video para mostrar la magnitud del problema. Según explicó, el relleno sanitario no cumplió con el enterramiento comprometido y los plásticos, papeles y nylon terminaron esparcidos sobre el campo, imposibilitando su uso como zona de invernada.

“Es un absurdo lo que están haciendo, que en la ciudad más ventosa te tiren basura a camionadas”, afirmó Álvarez Bento en declaraciones a la prensa. El administrador detalló cómo evolucionó el fenómeno con el paso del tiempo: “El primer año teníamos bolsas arriba de las matas, el segundo teníamos pedacitos tirados arriba del piso y ahora ya tenemos plástico muy molido que se está metiendo al suelo”.

La estancia, dedicada a la producción ovina y bovina sobre pastizales naturales, tiene 65.000 hectáreas, 12.000 ovinos y 50 vacas. El sector afectado limita con el relleno sanitario municipal, que comenzó a funcionar en 2023 en tierras del Ejército linderas al campo. La iniciativa buscaba descomprimir el basural a cielo abierto que quedó pegado al casco urbano.

“A medida que se muele más el plástico es difícil que las ovejas no lo coman. Cada vez que llueve este plástico molido entra a la tierra”, sostuvo el productor. El avance de los residuos lo obligó a tomar decisiones drásticas: “Tuve que sacar las vacas de ese cuadro; teníamos 250 vacas que ahí pasaban el invierno y es la que más riesgo corre. No se murieron animales, pero justamente mi trabajo es prevenir, por lo cual tuve que reducir a 50 vacas, porque perdí el campo que estaba destinado para ellas”.

El amparo ambiental se presentó en junio del año pasado. Para sostener la denuncia, la empresa contrató profesionales que realizaron un estudio del área. El 26 de diciembre de 2024 hicieron un relevamiento a campo en 37 estaciones separadas por 1.000 metros, con transectas de 10 por 250 metros recorridas a pie. Con esos datos estimaron una pluma de dispersión cónica de unos 8.800 metros de largo y 7.900 de ancho máximo, orientada de oeste a este.

El informe vincula esa forma con el viento: en la zona predominan los del oeste, con una velocidad media de 37 km/h y ráfagas que superan los 100 km/h. Los residuos son sobre todo inorgánicos: papeles, cartón, telgopor, plásticos, nylon, bolsones sintéticos, bolsas de aluminio, tetrabriks y sachets. Al ser livianos, el viento los mueve con facilidad y se acumulan en el alambrado y en arbustos como el calafate y la mata verde.

En abril de 2025, el médico veterinario Francisco Milicevic, de la Agencia de Extensión Rural Río Gallegos del INTA, firmó otro informe técnico encargado por la estancia. El documento describe macroplásticos mezclados con el forraje y advierte que, si un ovino o un bovino los ingiere, hay que actuar rápido para evitar bloqueo del sistema digestivo, obstrucción intestinal, timpanismo recurrente, perforaciones, dolor severo, infecciones y hasta la muerte lenta por inanición.

El estudio también señala que, con el sol, el agua y el viento, los plásticos se fragmentan en microplásticos que se filtran en el suelo, cambian su estructura y reducen su capacidad de retener agua. En la carta documento que la empresa envió al Municipio el 14 de marzo de 2025, afirmó que los residuos alteran el comportamiento del ganado y que se observó que algunos animales ingirieron desechos, “afectando seriamente su metabolismo”.

“Pasamos a ser el basural de la ciudad, es una situación que ya atenta contra nuestra economía”, remarcó Álvarez Bento, quien sucedió a su padre en la administración de la estancia. El productor insistió en que la urgencia pasa por frenar el ingreso de residuos: “La desesperación nuestra es para que paren de tirar basura, porque cada día que hay viento, son más kilos de plástico acá”.

El amparo pide el cese urgente e inmediato de las actividades en el sitio y intima al municipio a hacer las obras y aportar máquinas, tecnología y personal para cumplir con el proyecto, el estudio ambiental y la normativa. También reclama que se cite a la Secretaría de Estado de Ambiente como tercero interesado, por haber aprobado el estudio, y que supervise el predio cada 15 días. Además, solicita que se condene al municipio a recomponer y sanear el inmueble.

La situación de Punta Loyola se suma a otros casos de tierras que quedaron afectadas por actividades humanas o que, en sentido inverso, fueron recuperadas para la conservación. En la Patagonia y en otros lugares del mundo, la relación entre la producción y el cuidado del ambiente genera conflictos que terminan en la Justicia, como ocurrió con una estancia de 9.300 hectáreas en Escocia que se transformó en un proyecto de reforestación.

Mientras el amparo avanza con demoras, el productor sostiene que el daño en las 5.400 hectáreas afectadas es irreversible para la actividad ganadera. La estancia está al sudeste del departamento Güer Aike, y el relleno sanitario se encuentra a unos 1,2 kilómetros del alambrado limítrofe. Según el relevamiento, la mayor densidad de residuos, de más de 0,75 por metro cuadrado, se da en un radio de 2.500 metros desde el margen noroeste.

Por qué importa

El caso expone el conflicto entre la gestión de residuos de una ciudad y la actividad productiva rural, y pone en juego la salud del suelo y del ganado en una zona donde el viento multiplica el impacto. La demora judicial deja el daño sin freno.

Qué sigue

La Justicia debe resolver el amparo ambiental que pide el cese de las actividades en el relleno sanitario y la recomposición del predio. También resta definir si la Secretaría de Estado de Ambiente es citada como tercero interesado.

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