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Búnkeres de lujo bajo tierra: el refugio millonario contra el fin del mundo

Excontratistas convierten silos de misiles abandonados en condominios blindados con piscina, spa y cine para sobrevivir a catástrofes globales

Redacción••3 min de lectura
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Así son los búnkeres de híper lujo bajo tierra que los millonarios construyen para sobrevivir al “fin del mundo”

El temor al colapso de la civilización abrió un mercado inmobiliario poco convencional. Un segmento de millonarios de todo el mundo invierte cifras millonarias en búnkeres subterráneos de alta tecnología, diseñados para resistir desastres naturales, guerras nucleares o pandemias. Larry Hall, un excontratista del Gobierno de Estados Unidos de 64 años, lidera este negocio a partir de la reconversión de silos de misiles abandonados en lo que él llama condominios de supervivencia.

El primer proyecto se levantó en la zona rural de Kansas en 2010. Desde entonces, el interés creció de manera sostenida y se aceleró con la pandemia de Covid-19, lo que empujó la expansión de las obras hacia otros puntos de Estados Unidos, Europa y Asia. La estructura original ocupa cinco mil metros cuadrados distribuidos en quince niveles, con una profundidad que supera los 60 metros bajo el suelo.

La ingeniería está pensada para sostener la vida de 75 personas durante más de cinco años, con reservas de alimentos y agua tratada. El diseño prioriza la resistencia ante ataques externos. Según detalla el fabricante, el complejo soporta el impacto de una ojiva nuclear de 20 kilotones, similar a la bomba detonada en Nagasaki, incluso si la explosión ocurre a menos de un kilómetro de distancia. La estructura usa un cemento especial con flexibilidad suficiente para absorber una onda de choque que viaja a más de tres mil kilómetros por hora sin agrietarse.

Hall explicó a The Sun que la idea nació a partir de los atentados del 11 de septiembre. “El objetivo es proteger a los residentes de una amplia gama de amenazas que podrían acabar con el mundo, desde una guerra nuclear hasta una pandemia, el impacto de un meteorito y los disturbios civiles. Estos son búnkeres de lujo reforzados con tecnología nuclear que están diseñados para proteger a cualquier residente tanto física como mentalmente”, aseguró el empresario al medio británico.

El bienestar psicológico dentro del encierro es una preocupación central del proyecto. Los departamentos incluyen ventanas virtuales que proyectan imágenes en tiempo real del exterior para mitigar el impacto de la vida bajo tierra. La oferta de comodidades es amplia para un búnker de origen militar: los residentes disponen de piscina, spa, sauna, gimnasio, cine y campo de golf. También hay áreas prácticas como un supermercado, consultorios médicos, salas de clase y laboratorios de acuaponía donde los habitantes cultivan sus propios vegetales.

Los precios reflejan la exclusividad del servicio. En el sitio original de Kansas, una suite de 84 metros cuadrados costó cerca de 500 mil dólares, mientras que los penthouses de 334 metros cuadrados alcanzaron los 4,5 millones de dólares. Todas las unidades se reservaron con rapidez. Aunque la mayoría de los compradores no vive allí de forma permanente, la crisis sanitaria reciente demostró la utilidad de los refugios: varios propietarios permanecieron bajo tierra durante períodos de hasta un mes.

El mercado apunta a un perfil de comprador con alto poder adquisitivo que busca resguardo ante la incertidumbre global. La tecnología de los silos combina las herramientas militares del pasado con el confort moderno para convertir una estructura de guerra en un hogar seguro frente a amenazas inciertas. El avance del proyecto refleja la inquietud de los sectores más pudientes respecto de la estabilidad del orden mundial y el impacto de los riesgos catastróficos. La demanda sostiene la continuidad de las obras en distintos países donde la infraestructura de la Guerra Fría todavía permite este tipo de reconversiones.

Por qué importa

El fenómeno muestra cómo una parte de las élites globales invierte en refugios privados ante el temor a un colapso. Es un termómetro de la desconfianza en la estabilidad mundial y de la desigualdad en el acceso a la seguridad.

Qué sigue

La expansión del negocio depende de la reconversión de más infraestructura de la Guerra Fría en Estados Unidos, Europa y Asia. Habrá que ver si la demanda se sostiene cuando amaine la percepción de riesgo global.

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