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Ron Letheren, el exdocente de 103 años que vive solo y reveló su rutina: "El cerebro necesita usarse para sobrevivir"

El británico combina 20 minutos de estiramientos con bandas elásticas, escaleras y rompecabezas por internet cada mañana en su casa de Ellingham, Inglaterra.

Redacción••3 min de lectura
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Ron Letheren, el exdocente de 103 años que vive solo y reveló su rutina: "El cerebro necesita usarse para sobrevivir"

Ron Letheren tiene 103 años y vive solo en la casa de Ellingham, un pueblo del este de Inglaterra ubicado en el límite entre Norfolk y Suffolk, cerca de Bungay, donde se instaló hace unos 40 años. El exdocente y exinspector escolar contó en una entrevista que mantiene una rutina diaria de ejercicios físicos y mentales que, según su propia experiencia, le permite sostener su independencia.

Cada mañana, Letheren arranca con unos 20 minutos de estiramientos y fortalecimiento. Usa una banda elástica para trabajar las piernas y hace movimientos acostado, como flexionar los dedos y levantar los pies de la cama. Su meta es completar 60 repeticiones de cada ejercicio.

"No me lo salto, sin importar cómo me sienta", afirmó. El compromiso no implica que la rutina sea sencilla: reconoció que algunos movimientos resultan dolorosos y que necesita determinación para sostenerlos. Las escaleras de su casa también forman parte de la actividad cotidiana y, según bromeó, subir es más difícil que bajar, aunque considera ese desplazamiento clave para conservar su autonomía.

La rutina no termina con el movimiento. Letheren dedica tiempo a resolver rompecabezas complejos por internet y aseguró que se siente orgulloso cuando logra completarlos. "La agilidad mental es tan importante como la física", sostuvo. Su explicación personal quedó condensada en otra frase: "El cerebro necesita usarse para sobrevivir".

Nacido en el Reino Unido, trabajó en escuelas de Essex: fue maestro en Pilgrims Hatch, Stifford Clays y Tilbury, y llegó a dirigir dos establecimientos. Más tarde se desempeñó como inspector de educación primaria en Hackney y como inspector de distrito en Islington, Londres. Antes de dedicarse a la enseñanza sirvió como oficial durante la Segunda Guerra Mundial y terminó su carrera como inspector superior de la Inner London Education Authority, con sede en County Hall.

Hace aproximadamente cuatro décadas se mudó a Ellingham junto con su esposa, quien murió. En Norfolk presidió el consejo de gobierno de una escuela primaria, cantó en el coro de la iglesia y hasta hace poco leía durante los servicios. Su caso se suma a otras historias de personas muy longevas que conservan rutinas propias, como Luisa, de 101 años, y su secreto de longevidad, o la mujer de 106 años que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial.

La experiencia de Letheren es individual y no constituye una recomendación para que otras personas de su edad imiten el mismo volumen de ejercicios. La actividad física regular puede aportar fuerza, equilibrio y movilidad, pero la intensidad adecuada cambia según el estado de salud de cada persona. Un adulto mayor que quiera empezar o modificar una rutina debe consultar a un profesional y adaptar los movimientos a sus capacidades.

El mismo cuidado vale para los ejercicios cognitivos. Resolver acertijos puede resultar estimulante y placentero, pero no reemplaza controles de salud ni garantiza prevenir el deterioro. En el caso de Letheren, forma parte de un día que incluye movimiento, escaleras y una historia prolongada de participación social. A los 103 años, insiste en continuar con hábitos que le importan y explica la disciplina que requieren: su decisión es verificable, aunque atribuirle una fórmula universal de longevidad no lo sería.

Por qué importa

El caso muestra cómo una rutina de movimiento y estimulación cognitiva sostiene la independencia en la vejez, aunque los especialistas aclaran que no existe una fórmula replicable: la intensidad debe adaptarse a cada persona y su estado de salud.

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