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Volver a enamorarse a los 88 años: se conocieron en el gimnasio de una residencia en Reino Unido

Barbara Thompson y Fred Jenkins, ambos viudos y de 88 años, se conocieron entrenando en Sutton Coldfield y hoy comparten rutina, baile y jardín sin dejar sus departamentos.

Redacción••3 min de lectura
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Volver a enamorarse a los 88 años: se conocieron en el gimnasio de una residencia en Reino Unido

Barbara Thompson y Fred Jenkins, dos jubilados de 88 años, se conocieron en el gimnasio de la residencia para adultos mayores donde ella vive en Sutton Coldfield, en el distrito de Birmingham, Reino Unido. Ambos habían perdido a sus parejas y creían que el romance había quedado atrás. La rutina de ejercicios y las conversaciones les abrió una nueva etapa.

Ella, cuidadora jubilada, enviudó en 2007 tras la muerte de su marido por cáncer. Él, exinstructor de educación física del Ejército, quedó solo cuando falleció su esposa, tres años atrás. Ninguno de los dos imaginaba que el gimnasio del complejo sería el punto de partida de una relación.

El encuentro se dio cuando a Barbara le propusieron sumarse a una actividad física que siempre le había gustado. "Me preguntaron si iría con una amiga al gimnasio a hacer ejercicios de tonificación, algo que siempre me ha gustado hacer", recordó. Su compañera abandonó la actividad, pero ella decidió seguir yendo.

Fue entonces cuando conoció a Fred, que empezó a ayudarla con los entrenamientos. Él le marcaba los movimientos y ella seguía sus indicaciones con paciencia. Con el tiempo, la práctica se volvió un espacio compartido. "Nos resultó muy fácil trabajar juntos", sostuvo Fred, que describió ese período como el comienzo de algo que creció de manera natural. "A partir de ahí, todo floreció", resumió.

La relación dejó de limitarse al gimnasio cuando Fred la invitó a comer. Desde ese momento, los encuentros ocuparon un lugar cada vez más importante en sus vidas. Él había imaginado que, tras la muerte de su esposa, pasaría el resto de sus días solo. "Cuando mi esposa falleció, pensé que ese era el fin del mundo. Te casás, tenés una pareja y, si fallece, se acabó. Te quedás solo", explicó.

Hoy la pareja entrena junta tres veces por semana. También juega al dominó, a la petanca y a los dardos, baila cuando hay música y trabaja codo a codo en el jardín del pueblo. Acaban de compartir sus primeras vacaciones juntos. Barbara, además, llevó a Fred a nadar y al cine: disfruta de impulsarlo a probar cosas nuevas y de acompañarlo fuera de su zona de confort. "Nos reímos juntos y disfrutamos de la compañía del otro", afirmó.

El vínculo tuvo efectos en el carácter de ambos. Fred reconoció que siempre había tenido un temperamento fuerte. "Siempre he sido muy irascible. No era muy paciente, pero ahora me siento más tranquilo", admitió. Barbara, que trabajó 15 años como cuidadora profesional y dedicó buena parte de su vida a atender a otros, encontró algo distinto: "De repente, ahora que tengo a Fred, parece que él me cuida".

Los dos siguen viviendo en sus propios departamentos y prefieren mantener sus hogares independientes mientras comparten comidas, actividades y buena parte del tiempo libre. Esa decisión no pasa inadvertida entre los vecinos, que suelen detenerlos para comentarles lo bonito que resulta verlos pasear de la mano por el pueblo.

"Somos felices, disfrutamos de nuestra compañía y no queremos reprimirla", afirmó Barbara. "A veces es fácil rendirse, ¿verdad? Pero de repente hemos encontrado nuevas ganas de vivir", concluyó la jubilada.

Por qué importa

La historia muestra que los vínculos afectivos pueden aparecer a cualquier edad y que la actividad física en residencias para adultos mayores funciona como espacio de socialización. Para una población que envejece, el dato importa: la soledad tras enviudar es un factor de riesgo concreto.

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