Arquitectura

Santa Catalina: el monasterio de 1745 que cerró sus puertas en el microcentro porteño

La comunidad denunció daños estructurales que atribuye a las obras de peatonalización y la misa se celebra en el atrio. El conflicto escaló con renuncias en la Comisión de Monumentos.

Redacción••3 min de lectura
Compartí esta nota:
Santa Catalina: el monasterio de 1745 que cerró sus puertas en el microcentro porteño

El Monasterio Santa Catalina de Siena, ubicado en el microcentro porteño desde 1745, mantiene sus puertas cerradas de forma preventiva porque el interior ya no ofrece condiciones de seguridad. La comunidad religiosa denunció daños estructurales que atribuye a las obras de peatonalización realizadas en el entorno, mientras el Gobierno de la Ciudad sostiene que las fisuras son previas a los trabajos.

La situación derivó en una imagen simbólica: las misas se celebran afuera, en el atrio, sobre la esquina de la city financiera. El espacio que durante casi tres siglos contuvo a otros ahora necesita ser contenido.

El caso dejó de ser una discusión técnica sobre grietas. En los últimos días, tres vocales de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos renunciaron en desacuerdo con el fallo de la Cámara de Apelaciones porteña que revocó la medida judicial que frenaba el avance de un proyecto de un templo mormón de más de 36 metros de altura en el entorno del monasterio.

El emprendimiento de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se ubicaría en el predio delimitado por Córdoba, Viamonte y Reconquista, una manzana de altísimo valor histórico e inmobiliario. Según informó la propia Iglesia, el desarrollo incluiría un templo y una plaza verde de acceso público de 3625 m².

En el papel, sumar espacio verde al microcentro parece una buena noticia. La ciudad necesita más pausa y más escala humana en una zona que empuja hacia la productividad y el anonimato. El problema es cómo convive esa intervención contemporánea con una construcción de muros portantes, bóvedas, ladrillo y cal, pensada para otra escala urbana, otro tránsito y otras cargas.

Las edificaciones coloniales del siglo XVIII trabajan desde la masa, la gravedad y la estabilidad de la mampostería portante. Su comportamiento estructural responde a una lógica muy distinta a la del hormigón armado moderno. Por eso las obras cercanas exigen niveles altos de sensibilidad técnica, monitoreo y comprensión de la interacción entre suelo, vibraciones y estructuras históricas.

El debate técnico deberá resolverse donde corresponde, con peritajes completos y trazabilidad documental. Pero la pregunta de fondo excede el expediente: ¿cómo se compatibiliza una intervención contemporánea con un edificio que lleva casi 300 años formando parte de la historia de Buenos Aires?

Para miles de personas que trabajan en el centro, Santa Catalina fue y es un refugio silencioso entre reuniones, trámites y presión. Un lugar donde entrar unos minutos antes de volver a la oficina. Esa función urbana, la de ofrecer pausa en medio del vértigo, es la que hoy quedó interrumpida.

El conflicto también dialoga con otras discusiones abiertas sobre el futuro del patrimonio en la ciudad, como las obras de recuperación del Centro Cultural San Martín o los criterios que hoy definen a un edificio sustentable.

Ya no se trata solo de una obra puntual sobre una calle. Es una tensión más amplia entre desarrollo urbano, decisiones judiciales, gestión pública, intereses privados y protección patrimonial. Y una oportunidad para pensar qué tipo de ciudad se quiere construir en el corazón mismo de la city.

Por qué importa

El caso pone en juego la protección del patrimonio colonial de Buenos Aires frente al desarrollo inmobiliario en una de las manzanas más valiosas de la city. Además, expone la tensión entre obras urbanas, decisiones judiciales y gestión pública sobre edificios de casi 300 años.

Qué sigue

Queda pendiente la resolución de los peritajes que determinen si las fisuras son previas o posteriores a las obras de peatonalización. También resta definir el futuro del proyecto del templo mormón y el impacto institucional de las renuncias en la Comisión Nacional de Monumentos.

¿Te gustó esta nota?

Recibí lo más importante del día en tu correo. Sin spam, con opción de baja siempre.

Más en Arquitectura