Salud

La pérdida del olfato: un sentido que se valora recién cuando desaparece

Especialistas advierten que la anosmia está subdiagnosticada y afecta la alimentación, los vínculos y la detección de riesgos cotidianos como humo o gas

Redacción••3 min de lectura
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El sentido invisible: nos alerta del peligro y nos permite disfrutar de muchos placeres, pero pocos lo valoran hasta que desaparece

La pérdida del olfato puede aparecer de un momento a otro y alterar la vida cotidiana sin que la persona entienda qué está pasando. Estela Romera, docente de 55 años que vive en General Roca, Río Negro, lo comprobó en diciembre de 2022 cuando fue a rallar nuez moscada sobre una salsa blanca y no sintió nada. Después recorrió la casa oliendo perfumes conocidos y lavandina: tampoco percibió ningún aroma.

Al principio creyó que era una secuela de Covid-19 y que se recuperaría pronto. Incluso un médico le dijo que se quedara tranquila. "Estaba preocupada y angustiada. Este año decidí consultar a una especialista. Hace meses que estoy en tratamiento y, lentamente, mejoro", recuerda Romera.

La anosmia, la pérdida total del olfato, puede tener varias causas. Ana Cofré, otorrinolaringóloga e integrante del capítulo de Olfato de la Federación Argentina de Sociedades de Otorrinolaringología (FASO), explicó que los cuadros más frecuentes son la sinusitis crónica con pólipos nasales, las infecciones virales como el Covid-19 y los golpes en la cabeza que dañan las estructuras olfativas.

El impacto no es menor. Sergio Rocca, de 65 años, perdió el olfato hace un año mientras comía y notó que no sentía el gusto habitual. "Me obsesioné: olía lavandina, nafta, cebolla, ajo. Recorrí consultorios y finalmente me derivaron con una especialista. Hasta ahora, nada fue efectivo", contó. "Ya no cato vinos cuando voy a comer afuera. Estoy resignado, pero no deprimido".

Los especialistas suelen indicar entrenamientos olfativos para los casos de anosmia, parosmia (alteración) e hiposmia (disminución). Romera los cumple con disciplina: huele frasquitos con distintas esencias durante 20 segundos, descansa y repite. Empezó con canela y naranja a la mañana, clavo de olor y orégano a la noche, y después sumó lavanda, limón, café y chocolate amargo. "Tengo un anotador y voy por el día 183. Al principio tenía que mirar la etiqueta. Ahora las huelo", detalló.

Patricia Portillo Mazal, del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Italiano de Buenos Aires y del Hospital Naval, sostuvo que el olfato es un sentido minimizado. "Existe la idea de que no es importante hasta que alguien lo pierde. Ahí muchos se dan cuenta de cuán presente está: lo usamos como defensa para percibir humo, gas o comida en mal estado", afirmó. La especialista agregó que también es el sentido del disfrute, porque gracias a él se saborean los alimentos y se percibe el olor de los afectos y de la pareja.

Según Portillo Mazal, una de cada 5000 personas nace sin olfato, una condición conocida como anosmia congénita. "Hay varios genes involucrados, pero muy difícilmente es hereditaria", aclaró. En esos casos, la boca aporta el 20% de la percepción y la nariz el 80% restante.

Juan Santiago Bottan, neurocirujano del Hospital Alemán, señaló que una minoría de los casos de anosmia adquirida se relaciona con estructuras neurológicas dañadas por traumatismos encefálicos o cirugías de tumores. "Una vez que se dañan las estructuras neurológicas, el panorama es más complicado", advirtió.

El trastorno está subdiagnosticado. Un trabajo de la otorrinolaringóloga Graciela Soler, pionera en el tema, publicado en 2012 en la revista de la FASO, mostró que entre más de 1200 participantes sin patología olfatoria evidente, el 12,2% tenía alteraciones: hiposmia en el 10,7% y anosmia en el 1,5%. Después del Covid-19, la bibliografía habla de un 22%, según Cofré.

Tiago Sánchez, de 17 años, vive en San Juan y nunca sintió olores. Podría tratarse de un caso de anosmia congénita. "No me di cuenta hasta los 10 años, cuando mi papá me hizo oler vinagre. Pero siento el gusto de las comidas, así que me gusta comer", contó. Su padre, Cristian, explicó que desde chico sufrió crisis asmáticas y alérgicas, y que aunque lo operaron para liberar cornetes y senos paranasales, el olfato no apareció.

Marcela Soria, jefa de Alergia del Hospital San Martín de La Plata, se especializa en rinosinusitis crónica con pólipos nasales, una enfermedad inflamatoria que afecta entre el 2% y el 4% de la población y que causa anosmia con frecuencia. El abordaje combina cirugía, medicamentos biológicos y tratamiento multidisciplinario.

Por qué importa

El olfato cumple un rol central en la seguridad cotidiana y en el disfrute de la comida, los vínculos y la vida sexual. Al estar subdiagnosticado, muchos pacientes tardan años en recibir tratamiento adecuado.

Qué sigue

Los especialistas insisten en la necesidad de consultar ante la pérdida súbita del olfato y de sostener los entrenamientos olfativos. La difusión de casos y la mayor consulta tras el Covid-19 podrían mejorar el diagnóstico temprano.

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