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El rechazo a los data centers de IA golpeó a Elon Musk en las elecciones de medio término en EE.UU.

Los demócratas ganaron las midterms y casi todas las consultas locales contra los centros de datos de IA se aprobaron. Musk donó medio billón de dólares al Partido Republicano y no obtuvo nada.

Redacción••3 min de lectura
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El rechazo a los data centers de IA golpeó a Elon Musk en las elecciones de medio término en EE.UU.

Las elecciones de medio término en Estados Unidos dejaron un saldo adverso para la industria tecnológica: en decenas de consultas locales, los votantes rechazaron la instalación de data centers de inteligencia artificial. Además, eligieron gobernadores y legisladores que prometieron restringirlos, como la nueva gobernadora electa de Texas, Gina Hinojosa, que se impuso a Greg Abbott.

El resultado golpeó de lleno a Elon Musk, el mayor constructor de centros de datos del país y uno de los principales donantes del Partido Republicano. Según el análisis que se hizo en el podcast Equity, el empresario aportó alrededor de US$500 millones a las campañas republicanas y sus empresas quedaron radicadas en un estado que pasó a manos demócratas.

“Musk parece no haber obtenido básicamente nada por donar medio billón de dólares”, sostuvo Sean O'Kane, uno de los conductores del programa. Y agregó que el magnate ahora tiene todos sus negocios en un territorio que “se volvió tan azul como podía volverse, por primera vez en mucho tiempo, si no es que nunca”.

El fenómeno excede a Musk. Las medidas sobre data centers aparecieron en boletas de todo el país y casi todas las que imponían restricciones o moratorias fueron aprobadas. La discusión se instaló como un tema de base, impulsado por la forma en que las grandes tecnológicas gestionaron los permisos: con reserva, acuerdos de confidencialidad con funcionarios y poca información sobre la escala de los proyectos en zonas con estrés hídrico, como el suroeste.

“No creo que el tema de los data centers haya sido lo que llevó a todos a las urnas”, explicó Kirsten Korosec. “Sin embargo, se convirtió en un asunto cada vez más de base, en parte por cómo las hyperscalers y las empresas consiguieron la aprobación: de forma muy secreta, muchas veces exigiendo acuerdos de confidencialidad a funcionarios electos o designados”.

Para la industria, el escenario que se abre es de más obstáculos regulatorios, sobre todo en plazas como Texas. La lectura del sector es que los próximos dos años serán más difíciles para las tecnológicas en general y para las empresas de centros de datos en particular. La duda que sobrevuela es si el rechazo se sostendrá en el tiempo y llegará también a las elecciones de 2028.

El caso se inscribe en una tendencia más amplia: el rechazo a los data centers de IA ya define las elecciones de medio término en EE.UU. y obliga a las compañías a revisar su estrategia de expansión.

La primera en reaccionar fue OpenAI, que presentó un documento llamado “compute campus policy blueprint”. La empresa anunció que dejará de exigir acuerdos de confidencialidad y que compartirá sus planes con menos hermetismo. Para Korosec, la señal es clara: “cuando se instala certeza regulatoria en el mercado, o al menos señales de que se va en esa dirección, las corporaciones responden”.

El giro incluye un intento de rebautizar los data centers como “compute campuses”, una expresión menos resistida. O'Kane fue tajante: “Esto es ridículo. No va a cambiar nada”. Y remarcó que para una empresa que dice haber dejado de lado las distracciones, OpenAI sigue dispersándose en iniciativas que no mueven la aguja.

A la presión política se suma otra financiera. En Wall Street crece la reticencia a premiar a las hyperscalers que gastan fortunas en construir nuevos centros de datos y en capacidad de cómputo. El resultado es un doble cerrojo: más difícil conseguir permisos y menos incentivos de los inversores para financiar la expansión.

El debate también toca de cerca la agenda regulatoria y de infraestructura en otros países, donde la discusión sobre el costo energético y el uso del agua de estos proyectos empieza a replicarse. En ese marco, las decisiones de inversión y de política pública que se tomen en Estados Unidos marcarán el ritmo del sector a nivel global.

Por qué importa

El rechazo a los data centers de IA se consolidó como una fuerza política bipartidista en EE.UU. y anticipa más obstáculos regulatorios y financieros para las grandes tecnológicas. Lo que pase allí marcará el ritmo de las inversiones del sector a nivel global.

Qué sigue

Habrá que seguir la implementación de las restricciones en Texas y otros estados, la respuesta de OpenAI y las hyperscalers, y si el tema vuelve a aparecer con fuerza en las elecciones de 2028.

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