Derechos Humanos

Juliana Léveillé-Trudel: “Hay un verdadero giro hacia el fascismo”

La escritora canadiense publica Nirliit, una novela sobre su paso por una comunidad inuit del Ártico, y denuncia el abandono estatal y las secuelas del colonialismo.

Redacción••3 min de lectura
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Juliana Léveillé-Trudel: “Hay un verdadero giro hacia el fascismo”

La escritora canadiense Juliana Léveillé-Trudel publicó Nirliit, una novela inspirada en los veranos que pasó en Salluit, una comunidad inuit del Ártico canadiense. En una entrevista, la autora denunció las consecuencias del colonialismo, el abandono estatal y las desigualdades que atraviesan a esas poblaciones, y advirtió que el mundo registra “un verdadero giro hacia el fascismo”.

El libro, editado por Barrett, sigue a una narradora que se enoja, se angustia y siente impotencia frente a las huellas de un colonialismo que, según la autora, sigue causando estragos en el norte de Quebec. Hacinamiento, tasas alarmantes de suicidio juvenil, adicciones, violencia doméstica y precios de alimentos astronómicos conviven en un territorio marcado por la falta de oportunidades.

Nacida en Montreal en 1985, Léveillé-Trudel viene de la dramaturgia y la gestión cultural. Fundó la compañía Théâtre de la Marée Haute y coordinó durante varios veranos campamentos de infancia en Salluit, “una comunidad inuit al norte del vasto y gélido territorio de Nunavik, una región donde todo es demasiado hermoso o demasiado duro”.

A partir de esa experiencia empezó a llevar un diario personal. Cada temporada, al volver, se encontraba con que alguien que conocía había muerto: por suicidio, por un accidente en moto de nieve en la tundra o asesinado por un familiar. En su tercer verano, en 2013, supo que una mujer inuit que conocía había desaparecido y luego se confirmó su asesinato. “Eso me perturbó profundamente y sentí la necesidad de escribir sobre lo sucedido”, contó.

La autora explicó que Nirliit es el nombre del ganso canadiense, ave nacional del país, que pasa el verano en el Ártico criando a sus polluelos y migra al sur en invierno. Para las comunidades del norte marca la temporada de caza y es parte de su alimentación; para quienes viven más al sur, señala el paso de las estaciones. “Esa migración tiene también un aspecto poético, porque representa el viaje y el tránsito entre mundos”, sostuvo.

Consultada sobre si la literatura puede mostrar que el colonialismo no es solo cosa del pasado, afirmó que la ficción tiene un impacto particular. “Aunque sigue siendo ficción, muchas cosas son ciertas. La gente puede leer artículos o ver reportajes, pero no hay nada como dejarse llevar por los personajes y sentirse más conmovido”, remarcó. Según dijo, varios lectores le contaron que no sabían lo que ocurría en el norte y que aprendieron con el libro.

Sobre el mapa generado con inteligencia artificial que Donald Trump compartió en sus redes, en el que Canadá, Groenlandia y México aparecen cubiertos con la bandera de Estados Unidos, la escritora consideró que demuestra “hasta qué punto su mirada es estrecha”. Y agregó: “Me da pena que viva en un mundo tan limitado”.

Ante la consulta sobre un posible resurgimiento de ese tipo de pensamiento, Léveillé-Trudel fue tajante. “Sí, creo que hay un verdadero giro hacia el fascismo y la extrema derecha, muy extendido en todo el mundo. La izquierda no ha tenido éxito y eso abrió espacio a discursos seductores”, aseguró.

La autora vinculó ese fenómeno con la crisis climática y la búsqueda de chivos expiatorios. “Frente a problemas graves, es más fácil buscar chivos expiatorios: inmigrantes y personas vulnerables”, planteó. También apuntó contra las nuevas tecnologías: “Las mentes jóvenes se contaminan con discursos misóginos en internet, siguen a figuras como Andrew Tate y repiten que las mujeres deberían quedarse en casa”.

Respecto de las falencias que retrata el libro, sostuvo que son consecuencia directa de los programas gubernamentales canadienses. Las poblaciones inuit eran nómadas, se dedicaban a la caza y la pesca y vivían en tiendas en verano y en iglús en invierno. “De repente, se les dijo: ‘No, ya basta. Tienen que vivir en aldeas, en casas, tener un trabajo de lunes a viernes, de 9 a 5’”, relató. Se les impuso abandonar su forma de vida, agregó, pero sin darles los recursos básicos: construir una casa en Nunavik es extremadamente caro porque los materiales y la mano de obra deben transportarse en barco.

Por qué importa

La novela pone en primer plano una realidad poco conocida fuera de Canadá: las comunidades inuit del Ártico siguen sufriendo las consecuencias de políticas estatales que les impusieron otro modo de vida sin darles recursos.

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