Economía Agrícola

La revolución tecnológica que transforma los tambos: del pasto al silaje de maíz

Un grupo de productores argentinos visitó el complejo lechero de Mike McCloskey en Indiana, donde una nueva tecnología convierte los efluentes en fertilizantes.

Redacción••2 min de lectura
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La revolución tecnológica que transforma los tambos: del pasto al silaje de maíz

Un grupo de productores y técnicos argentinos visitó el complejo lechero de Mike McCloskey en Fair Oaks, Indiana, Estados Unidos, cerca de Chicago, para conocer de cerca las innovaciones que están redefiniendo la producción tambera. La experiencia fue recogida por Francisco Oliverio, asesor de la Fundación Producir Conservando, y deja lecciones concretas para el sector local.

La última novedad presentada en el establecimiento es un nuevo sistema de recuperación del estiércol que va más allá de la generación de energía: ahora el foco está en la transformación de los efluentes en fertilizantes como el nitrato de amonio. La tecnología se llama “Varcor”, un acrónimo en inglés para Vapor Recompression with Concentration and Recovery, y fue desarrollada por Sedron Technologies.

El proceso comienza cuando el estiércol de los galpones se bombea hasta un biodigestor que genera biogás, utilizado para producir energía o combustible limpio. Del efluente resultante se separa la fibra larga, que se seca y se reutiliza como cama seca para las vacas. El líquido remanente ingresa al sistema Varcor, que funciona con un principio físico similar al de las plantas de leche en polvo: evapora el líquido con calor de manera eficiente, consumiendo hasta un 95% menos energía eléctrica que los métodos térmicos convencionales, y separa sus componentes sin polímeros ni floculantes químicos.

El modelo de negocios también resulta novedoso: la tecnología es costosa, pero Sedron se hizo cargo de la inversión a cambio de comercializar los fertilizantes obtenidos. McCloskey ha visitado la Argentina en varias oportunidades y ha inspirado varios de los grandes proyectos tamberos que están cambiando la fisonomía del sector local.

La transformación se apoya en la siembra directa y en la nutrición razonada de los cultivos como base de la alimentación animal. Hay una tendencia clara a independizar a la vaca de la dependencia del pasto de cada día: ponerla en un establo confortable y darle de comer lo que la ciencia indica implica liberarla de la obligación de salir a comer lo que hay en cada momento. El concepto de “reserva forrajera” convive ahora con el de “base forrajera”.

En los tambos de McCloskey y en la mayor parte de los tambos argentinos, el silaje de maíz se convirtió en la base de la alimentación, con más del 50% de la dieta durante todo el año. La Argentina está en carrera: los tambos de Adecoagro en Christophersen inauguraron su primer biodigestor hace ocho años y hoy suman 15.000 vacas en cuatro módulos.

El cambio también se ve en el territorio. Rafael Llorente y su familia instalaron un sistema de “free stall” (estabulación libre) en la tradicional Mitikile de Arenaza, que se está convirtiendo en un polo de alta tecnología tambera. Lo mismo ocurre en la cuenca de Villa María, en Trenque Lauquen y en el centro oeste de Santa Fe. La transformación, a la luz de lo que muestra McCloskey, parece tener mucho recorrido por delante.

Por qué importa

La adopción de estas tecnologías define la competitividad de los tambos argentinos: reducir la dependencia del pasto y recuperar efluentes como fertilizantes impacta en costos y sustentabilidad.

Qué sigue

Resta ver si el modelo de negocio de Sedron, que financia la inversión a cambio de comercializar fertilizantes, se replica en los tambos argentinos que ya avanzan con biodigestores.

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