Educación

Educación en Argentina: la causa que avanza sin activistas ni respaldo político

Un análisis advierte que funcionarios, especialistas, directivos y docentes trabajan en soledad frente a la indiferencia de la dirigencia

Redacción••3 min de lectura
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Educación: una causa con escasos activistas

La educación argentina enfrenta un problema de fondo que excede los recursos y las políticas: la falta de activistas en el mundo político dispuestos a sostener la causa. Así lo plantea un análisis del educador y periodista Diego M. Jiménez, que advierte que buenos funcionarios, especialistas, directivos y docentes trabajan en soledad, explican lo obvio y no son valorados.

El texto retoma la idea del investigador y pedagogo Axel Rivas sobre el “efecto tenaza”: para producir cambios reales hay que trabajar en políticas educativas, cambios estructurales y condiciones de trabajo docente, y al mismo tiempo concentrarse en las escuelas y, puntualmente, en las aulas. Lo que ocurre allí es fundamental y, en general, es lo más descuidado.

Los resultados educativos son consecuencia de muchos factores: condiciones de educabilidad, clima escolar, calidad de los docentes, equipos directivos consolidados e involucramiento de las familias y las comunidades cercanas a las escuelas. Pero, como clarifica Carlos Torrendell, también son fruto de singulares trayectorias educativas. Un estudiante es una historia de aprendizajes y, por lo tanto, un proceso que se construye en el tiempo.

Las pruebas PISA revelan un dato central: las trayectorias evaluadas en Matemáticas y Lengua no cumplen con los objetivos esperados para la edad examinada. Son consecuencia de una historia escolar en la que las políticas no fueron lo que deberían haber sido. El contraste con los resultados de Aprender, donde se produjo una mejora en el nivel primario, muestra que las políticas dirigidas al centro del aula, como las de alfabetización en curso, pueden dar frutos, aunque sea al ritmo ralentizado de una sociedad atravesada por enormes dificultades sociales.

Ese contraste permite comprender lo razonable que resulta acompañar las trayectorias educativas desde el primer ciclo de la primaria y sostener la labor docente durante todos los niveles. Se necesitan más apoyos en cada uno de ellos, especialmente en el secundario, donde las estadísticas son negativas. Es un trabajo de relojería, pero también profundamente humano, dado que en el centro están los docentes y sus estudiantes.

La desazón y la desmotivación docente no están originadas solo en sus condiciones de trabajo

Los cambios se producen en ese espacio que en alguna época llamábamos salón. La desazón y la desmotivación docente no están originadas solo en sus condiciones de trabajo, que deben mejorar, sino también en el olvido que las políticas han tenido con ellos, en la ausencia de acompañamiento y en la distancia de la gobernanza educativa respecto de su trabajo cotidiano. Sin incentivos de carácter moral, como reconocimiento, valoración y confianza, y sin políticas de acompañamiento, difícilmente los resultados puedan mejorar.

El análisis sostiene que hay algo que podría producir efectos más rápidos: una dirigencia que primero se informe sobre el tema, luego se comprometa y, a partir de allí, sugiera ideas capaces de convertirse en políticas articuladas bajo el “efecto tenaza”. Pero esto no parece suceder. Solo se repiten reacciones efectistas, carentes de datos y de contexto, que agudizan el problema y arrojan sombras ignorantes sobre algunas luces que parecen estar encendiéndose.

No hay activistas en el mundo político para la causa educativa y eso hace que quienes trabajan en el sector queden sometidos a la velocidad sin sentido de las redes y los sets televisivos. El educativo es un sector cuya tarea es cotidiana, silenciosa y humana, y que se mueve entre la ciencia y lo artesanal. Hay allí una fisura que, por el momento, parece insalvable.

Por qué importa

La falta de respaldo político a la educación afecta directamente a docentes y estudiantes: sin acompañamiento ni reconocimiento, las mejoras en el aula quedan frágiles y la desigualdad educativa se profundiza.

Qué sigue

Resta ver si las políticas de alfabetización en curso logran sostener la mejora en primaria y si el próximo ciclo lectivo trae señales de mayor compromiso político con la agenda educativa.

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