Medio Ambiente

Nueva York hundió más de 2500 vagones del metro en el mar y hoy son arrecifes llenos de vida

La MTA usó trenes retirados entre 2001 y 2010 para crear arrecifes artificiales frente a la costa este de Estados Unidos.

Redacción3 min de lectura
Los lanzaron al mar en 2001 y ahora son miles de vagones del metro de Nueva York que albergan vida marina

Entre 2001 y 2010, la Autoridad Metropolitana de Transporte de Nueva York (MTA, por sus siglas en inglés) hundió más de 2500 vagones retirados del servicio en el océano Atlántico para crear arrecifes artificiales frente a la costa este de Estados Unidos. Los trenes fueron preparados antes de ser sumergidos de manera deliberada, con el objetivo de generar superficies donde pudieran instalarse organismos marinos.

Entre los primeros modelos utilizados estuvieron los Redbirds, incluidos los R-33 y R-36. Con el avance del programa se sumaron otras unidades retiradas de la flota neoyorquina, como los R32 y R42, según el New York Transit Museum.

Antes de ser hundidas, las estructuras atravesaban un proceso de preparación. El Departamento de Protección Ambiental de Nueva Jersey (Njdep) indicó que se retiraban elementos que pudieran liberar materiales contaminantes en el agua. Las carrocerías metálicas eran acondicionadas para cumplir con los requisitos establecidos para los materiales destinados a los arrecifes artificiales.

Una vez listos, los vagones eran trasladados en embarcaciones hasta zonas previamente designadas y hundidos en el fondo marino. En Nueva Jersey se utilizaron distintos puntos frente a la costa, entre ellos Cape May, Atlantic City, Deep Water, Garden State North y Shark River.

El objetivo era aportar sustrato duro en zonas donde predominaba el fondo arenoso. El Njdep explica que este tipo de estructuras permite que organismos que necesitan superficies de fijación se adhieran y desarrollen comunidades alrededor del arrecife.

Con el paso del tiempo, las estructuras fueron colonizadas por organismos marinos. La Njdep señala que los materiales usados en los arrecifes pueden servir como superficie de fijación para hidroides, anémonas, percebes y mejillones, además de ofrecer refugio y zonas de alimentación para distintas especies.

Hoy el propio organismo describe uno de los antiguos vagones hundidos como una estructura cubierta de vida marina, con especies como corales, tautog, estrellas de mar, cunner y scup. Uno de los sitios más conocidos es Redbird Reef, en Delaware, donde se utilizaron antiguos vagones del metro de Nueva York para formar parte de un arrecife artificial.

El programa de la MTA terminó en abril de 2010, según el New York Transit Museum. A partir de entonces, los vagones retirados de la flota que ya no podían incorporarse al programa fueron enviados a otros destinos, como el desguace.

El proyecto también tuvo problemas con algunos vagones de acero inoxidable. En 2009, el Departamento de Protección Ambiental de Nueva Jersey informó que varias unidades habían sufrido daños estructurales importantes y decidió postergar nuevos despliegues de ese tipo de vagones mientras investigaba las causas. En una inspección realizada en el arrecife de Atlantic City, 46 de 48 vagones de acero inoxidable examinados habían quedado completamente destruidos.

La utilización de arrecifes artificiales también generó un debate sobre su efecto en las poblaciones de peces. Un artículo de Scientific American señaló que la concentración de peces alrededor de estas estructuras no implica necesariamente un aumento de la población total. Además, explicó que existe una diferencia entre las estructuras que atraen o concentran peces y los arrecifes capaces de contribuir al aumento de sus poblaciones.

Aun con esas diferencias, los antiguos vagones pasaron de formar parte de una flota ferroviaria retirada a convertirse en estructuras de hábitat submarino. Las autoridades ambientales de Nueva Jersey describen los arrecifes artificiales como superficies que permiten el desarrollo de organismos marinos y ofrecen refugio y zonas de alimentación para distintas especies.

Por qué importa

El caso muestra cómo una solución de descarte industrial puede transformarse en infraestructura ambiental, aunque el debate científico sobre si estos arrecifes aumentan o solo concentran la población de peces sigue abierto.

Qué sigue

El programa terminó en abril de 2010 y los vagones retirados ahora se destinan al desguace. La discusión pendiente es si los arrecifes artificiales generan nueva vida marina o solo redistribuyen la existente.

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