Vaca Muerta y minería podrían sumar más de US$50.000 millones anuales en exportaciones hacia 2030
El Banco Central proyecta que energía y minería transformen la balanza comercial argentina, aunque el ritmo dependerá de oleoductos, GNL y proyectos de cobre.

La Argentina podría sumar más de US$50.000 millones anuales en exportaciones hacia el final de la década si se concretan los proyectos de Vaca Muerta y la gran minería. La estimación de base del Banco Central proyecta que las ventas de combustibles alcancen los US$36.700 millones en 2030, mientras que las mineras pasarán de US$6.100 millones a US$15.600 millones en el mismo período.
La suma de ambos rubros arroja unos US$52.300 millones por año, equivalentes a cerca de US$4.360 millones mensuales. La actualización difundida en 2026 plantea una trayectoria conjunta que iría de unos US$13.000 millones en 2025 a US$19.000 millones en 2026, US$24.000 millones en 2027, US$28.000 millones en 2028, US$34.000 millones en 2029 y más de US$51.000 millones en 2030.
El componente más voluminoso llegará de la energía. Vaca Muerta ya permitió reducir las compras externas de gas y combustibles que durante años pesaron sobre la balanza comercial. La segunda etapa consiste en ampliar la producción y la infraestructura para vender petróleo y gas en forma sostenida al exterior. El cambio es decisivo: ya no se trata solo de ahorrar dólares al reemplazar importaciones, sino de generar un flujo creciente de exportaciones.
Los oleoductos serán la primera pieza del salto. La ampliación de la capacidad de transporte hacia el Atlántico permitirá despachar mayores volúmenes de crudo sin depender de una red que ya funciona cerca de sus límites. Más adelante, el gas natural licuado podría agregar otra escala: procesar el gas de la cuenca, licuarlo en la costa y enviarlo por barco a mercados de todo el mundo.
El ritmo no será lineal. Dependerá de la habilitación del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur, del inicio de los embarques de GNL y de la velocidad con la que aumente la producción. En escenarios más expansivos, el aporte energético podría ser todavía mayor.
La minería aportará una cifra menor que la energía, pero con un crecimiento proporcionalmente muy fuerte. El oro y la plata ya sostienen buena parte de las exportaciones actuales, mientras que el litio sumó capacidad durante los últimos años. La gran novedad de la década sería el cobre: la Argentina posee recursos de escala mundial, pero lleva años sin una mina de gran porte en producción.
Para 2030, la proyección del Banco Central distribuye los US$15.600 millones de exportaciones mineras principalmente entre cobre, con US$6.200 millones; litio, con US$5.200 millones; y oro, con US$3.300 millones. El resto correspondería, entre otros productos, a plata y otros minerales.
El plazo minero es más largo y menos previsible que el petrolero. Una mina de cobre requiere estudios de factibilidad, permisos ambientales, acuerdos con las comunidades, financiamiento, caminos, líneas eléctricas y obras para transportar el concentrado. Incluso después de la decisión de inversión, la construcción puede demandar varios años. Por eso una demora en uno o dos grandes proyectos puede mover la cifra prevista para 2030.
La cifra de más de US$50.000 millones responde a exportaciones brutas. No significa que ese monto vaya a quedar íntegramente en las reservas del Banco Central ni disponible para financiar gasto público. Las compañías deberán importar equipos y tecnología, pagar servicios, afrontar deuda, distribuir utilidades y reinvertir parte de los ingresos. Además, el régimen cambiario vigente en cada momento determinará qué proporción debe liquidarse en el mercado local y en qué plazos.
Aun así, la comparación relevante es estructural. Una parte de las divisas se utilizará para pagar costos externos, pero el saldo neto puede ser muy significativo porque el petróleo, el gas y los minerales se producen localmente y poseen una elevada capacidad exportadora. También habrá un efecto indirecto sobre la balanza: más gas nacional reduce importaciones, mientras que la infraestructura construida para los proyectos puede ampliar la capacidad productiva de otras actividades.
Para medir la verdadera disponibilidad de dólares habrá que observar al menos cuatro niveles: la facturación exportadora; el saldo comercial después de importar bienes y servicios; el flujo financiero una vez pagados deuda y utilidades; y, finalmente, la porción efectivamente liquidada en el mercado de cambios. Confundir esas variables puede llevar tanto a exagerar el boom como a subestimar su impacto.
La Argentina tiene una posibilidad única para torcer el rumbo de la economía y apostar a un crecimiento sostenido. Pero es Argentina, todo puede pasar.
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