Psicología

Xavier Guix, psicólogo: "Por ser muy bueno no te quieren más, te utilizan más"

El psicólogo catalán de 66 años analiza los mandatos generacionales, el peso del deber y el costo de complacer a todos menos a uno mismo.

Redacción••3 min de lectura
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Xavier Guix, psicólogo: "Por ser muy bueno no te quieren más, te utilizan más"

El psicólogo catalán Xavier Guix sostuvo que las generaciones anteriores crecieron bajo un mandato de obediencia que todavía deja huellas: "Fuimos una generación demasiado buena. Niños y niñas buenos que pensaban 'tengo que cumplir'". Lo dijo durante una conferencia titulada El problema de ser demasiado buenos, el mismo nombre de su libro publicado en 2024, en el marco del ciclo de diálogos Aprendemos Juntos.

Nacido en Sant Boi de Llobregat en 1960 y radicado en Granollers, Guix se dedica al autoconocimiento y dicta cursos y charlas en España y América Latina. Su planteo apunta a una idea incómoda: la bondad entendida como deber puede convertirse en una trampa que borra los deseos propios.

"El sentido del deber implicaba obedecer y hay huellas de aquello en nuestro presente", señaló. Para el psicólogo, el primer mandato de eso que llamamos "ser demasiado bueno" es ser demasiado obediente: no saber decir que no, hacer todo lo que se espera y responder a lo que los demás quieren, sin límites propios.

Guix recordó el caso de una paciente joven que en su primera sesión le confesó: "Yo no hago nada si no es por obligación; me he acostumbrado tanto que todo lo hago desde el deber". Ese punto de partida, explicó, es el que lleva a descuidar los propios deseos. "Una persona que se pasa la vida complaciendo al otro llega un momento en que se descuida de sus propios deseos", afirmó.

El riesgo, según el especialista, es confundir la bondad con la disolución de la identidad. "Algunos confunden ser una persona buena con dejar de ser uno mismo", advirtió, y citó al filósofo Odo Marquard: "Somos más nuestros hábitos que nuestras elecciones". En la misma línea, apuntó que muchas veces se atienden las necesidades ajenas porque ahí se encuentra el ser querido y se genera una dependencia emocional: "Queremos ser necesarios".

Para poner límites, sostuvo, hace falta tener valores propios y no impuestos. "De tanto aguantar, callar, aguantar, llega un día que no puedo más y una vez que te has desahogado te entra la culpa porque para los demás no ha sido para tanto", describió. En su consulta, contó, escucha a personas mayores de 70 años con frustraciones dolorosas: "Me dicen que no han vivido sus vidas, que se pasaron la vida cuidando a los demás". De ahí su conclusión más filosa: "Por ser muy bueno no hace que te quieran más, sino que te utilicen más".

A la hora de educar, el psicólogo propuso "acompañar en lugar de moldear". Retomó a Platón para explicar que educar es sacar de adentro: los padres deberían observar hacia dónde se inclina su hijo en lugar de imponerle una forma. Sobre el vínculo entre generaciones, el tema aparece en distintas claves: lo que los mayores admiran de los más jóvenes también muestra cómo cambian los relatos familiares.

En diálogo con el podcast Generación+, Guix sumó una lectura del presente: "Llamar por teléfono hoy es de mal gusto, es de mala educación porque es una interrupción". Ese cambio, dijo, deriva en que muchas generaciones teman las situaciones presenciales. "Estamos ante una sociedad que yo llamaría la sociedad de la frustración", expresó.

De la mano de la frustración aparece el miedo al futuro. "Algunos me dicen que ya han hecho todo, entonces primero les doy la mano, les felicito: 'Qué bien, pues lo has hecho todo', y luego les digo: 'Cuidado, estás sufriendo el síndrome del futuro bloqueado'", remarcó. Su consejo es no dar por cerrado ningún ciclo: "La vida es cambio permanente".

Guix también habló de su propia reinvención. Fue actor antes de estudiar psicología y debió cambiar de profesión en medio de una crisis económica. "Creí que tenía la vida resuelta", admitió, y cerró con una idea que atribuyó a Mercedes Sosa: "La vida cambia, todo cambia, y cambia en un instante". La relación entre mandatos, culpa y bienestar es un eje que atraviesa también otras miradas sobre el peso del destino y las elecciones personales.

Por qué importa

Interpela a quienes fueron educados para cumplir con las expectativas ajenas y hoy sienten culpa al poner límites. La advertencia es concreta: confundir bondad con obediencia termina en frustración y en vínculos donde uno queda utilizado.

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