Estilo de Vida

Dejó su carrera de abogada en el Poder Judicial y se mudó a una isla de Tailandia sin autos ni motos

Lucila Pereyra renunció a su puesto en la Defensoría de Menores y hoy vive en Koh Phi Phi, donde trabaja como instructora de buceo y guía turística

Redacción••2 min de lectura
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Lucila Pereyra tenía una vida que muchos considerarían exitosa: nacida y criada en la Ciudad de Buenos Aires, se recibió de abogada en la Universidad de Buenos Aires, hizo un posgrado en Derecho de Familia y trabajó en la Defensoría de Menores del Poder Judicial. Sin embargo, en 2017 tomó una decisión que sorprendió a su entorno: renunció a su carrera y se mudó a Koh Phi Phi, una isla de 12 kilómetros cuadrados al sur de Tailandia.

La isla tiene apenas 3.000 habitantes y una particularidad que la diferencia de cualquier ciudad: no hay autos, motos ni bicicletas. Todos los desplazamientos se hacen caminando o en barco. Allí, Pereyra construyó una nueva vida dedicada al turismo, primero como guía y luego como instructora de buceo.

El cambio no fue sencillo. Muchos de sus conocidos cuestionaron su decisión. “Me decían hippie con Osde, me preguntaban cuándo me iba a aburrir, sin entender que para mí era una decisión de vida”, contó Pereyra. Años después, cuando formó su propia empresa en Tailandia, llegaron el reconocimiento y la comprensión de quienes antes dudaban.

El origen de todo fue un viaje. Durante unas vacaciones entre Perú y Bolivia conoció a un hombre con quien inició una relación a distancia. Él estaba en un año sabático y le propuso sumarse a su recorrido por siete meses. Pereyra pidió una licencia sin goce de sueldo en el Poder Judicial y se lanzó. Juntos recorrieron el sudeste asiático como mochileros hasta llegar a Tailandia, donde vieron oportunidades para trabajar en turismo.

El regreso a la Argentina fue un shock. “El mundo conocido había cobrado otros colores, ajenos a ella”, relató. Poco después tomó la decisión definitiva: renunciar a la abogacía y emigrar. Se instaló en Koh Phi Phi con su pareja, aunque con el tiempo la relación terminó y debió afrontar sola el desafío de liderar su emprendimiento en una sociedad que cuestiona el liderazgo femenino.

La adaptación trajo aprendizajes. El idioma tailandés, con su alfabeto y tonos, sigue siendo una cuenta pendiente. La comida picante fue un obstáculo inicial. Pero la naturaleza compensó todo: “Las actividades acá tienen que ver con el contacto con la naturaleza, sin tantos estímulos tecnológicos”, explicó. Fue en la isla donde descubrió el buceo, una pasión que la llevó a convertirse en instructora.

Pereyra también destacó la seguridad y la libertad que siente en Tailandia. “Los hombres para con las mujeres, y la sociedad en general, son muy respetuosos. Tienen una cultura pacífica”, afirmó. Valoró especialmente poder moverse sin restricciones, incluso de noche, algo que en Buenos Aires no experimentaba con la misma tranquilidad.

Hoy, su vida transcurre entre el mar, la selva y los turistas que llegan a la isla. Lejos del Poder Judicial y de las expectativas que pesaban sobre ella, Pereyra asegura que cada camino de vida es válido mientras haga bien.

Por qué importa

La historia refleja un fenómeno creciente de argentinos que abandonan carreras tradicionales para buscar calidad de vida en el exterior. También expone los prejuicios que enfrentan las mujeres que lideran emprendimientos en culturas ajenas.

Qué sigue

Pereyra continúa consolidando su empresa de turismo y buceo en Tailandia. No hay indicios de un regreso a la Argentina en el corto plazo.

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